martes, 2 de mayo de 2017

PARADOXAS N° 232

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 232


INDICE

LAS PIEDRAS DE LAS TRISTEZAS - Ivonne Concha Alarcón
ES AUSENCIA - Ivonne Díaz.
SÉ QUE TE AMO A TI, MUJER – SUSURRA EN UN AQUÍ, ROQUE DALTON – Rosana Bustamante Gamboa
ELLA ERA LINDA, COMPADRE Y NO LE TENÍA MIEDO A LOS TEMBLORES... - Rosana Bustamante Gamboa
LA DUEÑA DE MI MANO - Rosana Bustamante Gamboa
PORQUE ERES TÚ... - Marisol C.
PÁJAROS LEJANOS - André Cruchaga
LA ESQUIVA MARIPOSA - F.S.R.Banda
VESTIGIOS (Primer borrador) - F.S.R.Banda


EDITORIAL

Tantos catálogos sobre las mesas de los bares de la capital, olvidados o dejados a propósito para despejar las manos y el cuerpo para seguir bebiendo y bailando.
"Fervor de Buenos Aires" apareció en 1923. Ya publicado, Borges no supo cómo distribuirlo. Ideó un sistema, sin embargo; iba a las reuniones literarias y, cuando se retiraba, deslizaba con disimulo un ejemplar en el bolsillo de los abrigos solitarios colgados del perchero.
El mismo favor le pidió a Alfredo Bianchi, uno de los directores de la revista Nosotros. A Bianchi, hombre serio y cuarentón, la propuesta lo asombró y luego, divertido, aceptó su papel de distribuidor bolsillero ad honórem. El libro gustó y sigue gustando porque Buenos Aires, a través de Borges, es tan "eterna como el agua y el aire".

Pirateado de un articulo de María Esther Vázquez publicado en el periódico La Nación, de Argentina, quizás cuando… Vale.

El Editor


SUEÑO
Ivonne Concha Alarcón

Castillo azul y blanco, carruajes de vieja madera, caballos de arrastre, flores irisadas dibujadas en absurdas perversas cortinas rojas camufladas de invierno solitario, arpegios, encaprichados de sonidos cínicos de más a menos, de menos a más, escala de sol desafinada, sonrisas verdes musgo húmedo, caricias aventajadas de sorpresas de cartón piedra que se golpea una y otra vez en los cimientos oscuros de la lejana cordura perdida en la caballeriza del patio pedido entre el pasto y la flores del antiguo jardín de rosas y sus espinas pecaminosas de ayeres extraviados…


LAS PIEDRAS DE LAS TRISTEZAS
Ivonne Concha Alarcón

Caen recuerdos resbalándose por las pendientes del olvido, llueven inmensidades clandestinas reflejo fiel de viejas piedras cenicientas pulidas de nostalgias que laceran los insectarios secos de reminiscencias en obsidiana despulida. Frente al viejo y desprolijo reloj de arena se detiene la aurora fría desamparada ante el tiempo nostálgico desvestido de vendimias ya ocurridas. Del recuerdo escarchado caen los silencios que gritan recuerdos de rosas desteñidos de sus primeros dibujos de niña que empujaba el carro que inducía a caminar entre piedras puntiagudas que laceraban los desamparos de la injusta tarde de sueños perdidos en el ancho camino, donde se extraviaron poco a poco los sueños que concluyeron solo en oscuras pesadillas… Dónde se extraviaron las verdades, dónde duermen las risas olvidadas, dónde están los amores filiales, hoy solo paralelas que se tropiezan con el infinito puro, frío, distante…


ES AUSENCIA
Ivonne Díaz

Noche de lluvia navega mi sueño de sol por los pasajes cuando una flor esconde sus pétalos y yo conjugo mi armonía de estar viva contemplando mis zapatos de charol que nunca uso entonces viene esto de extrañarte tanto no sé si la distancia tiene que ver con las agujas de un reloj pienso y me duermo contemplando tu fotografía que ilumina mi celular en un pestañeo de luz y dice tiene poca memoria.


SÉ QUE TE AMO A TI, MUJER – SUSURRA EN UN AQUÍ, ROQUE DALTON –
Rosana Bustamante Gamboa

porque no temes mostrar tus heridas a medio día y en las noches...tras ese cristal donde tus manos descansan, saludan... y ese pliegue, que te trajo la guerra... sobre el silencioso abdomen, donde me dibujo... y escribo nuestros nombres en un corazón... porque tú visitas la tumba de mi madre en El Salvador... y le lees aquellos poemas que no pude escribirle... porque tú, compañera, cantas y bailas conmigo... en este refugio que me dio la muerte y a pesar de ello... duermes conmigo en tu lecho de diminuta mujer... que construye puentes para los pájaros... y alimenta, esos libros que juegan en los patios... cerca del desierto donde camino hasta llegar al límite... ahí, cuando los dos océanos que bañan este continente me ven llegar... y tú te revelas contra el mundo, sola y desnuda... me llevas de la mano y también me besas... a mis palabras que ahora son para ti, amor.


ELLA ERA LINDA, COMPADRE Y NO LE TENÍA MIEDO A LOS TEMBLORES...
Rosana Bustamante Gamboa

cuando traía mermeladas de duraznos... en medio de la noche a cientos de kilómetros de su patria... sin preguntar nada, se entregaba a esta pobreza...donde solía contarle mis historias de pistolero sin oeste... de frustrado relator de partidos de fútbol... y perros que me abandonaron por otro plato de comida.
ella era linda y tenue su figura...sin miedo a aquellos mancos ángeles que le envío el destino... y hacía sonar sus tacones y el acordeón con aquellas melodías...cuando respiraba quince minutos a mi lado...y después bebía ese agrio café, que yo a penas me conseguía.
¡ella era linda, amigo! de día y esa mañana...cuando se levantó de mi lado, en esta soledad... que tiene mi raído cuerpo de macho en derrumbe...que apenas comprende los silencio que ella vestía...y de muchacha que decidió un día abandonarme...sin miedo a los guijarros y esos sismos que encontró en el camino.


LA DUEÑA DE MI MANO
Rosana Bustamante Gamboa

te reclamo mujer… como aquella que irrumpió en mi silencio… y en esta vida que daba sólo vueltas… en un ir y venir al trabajo… mirar la televisión, leer los diarios… a veces observar los atardeceres… preguntándome si de verdad, existías en alguna parte… si te encontraría bajo los almendros.

y te imaginaba venir, con ese traslúcido vestido de hoy… con tus obtusas ideas en el entrecejo… aquella boca que tiene el color de las maduras cerezas… y aquí estás, dormida entre los escaños… cansada de alimentar pájaros y una plaza de libros… sin verme, sin saber de mí… quien en este instante, doy aviso público… te corona como la dueña de mi mano… que tiembla sólo con pensarte.


PORQUE ERES TÚ...
Marisol C.

Y porque tu barca de palabras me inunda el alma, entre los labios te respiro alma mía, circundando este espacio de gaviotas que revuelan mientras te espero y desespero, quisiera me atraparas. Como una red llena de peces alborotar tus sentidos, ven acércate, que tus pasos sean las huellas que nos unen en la arena, que tu tiempo sean las agujas en mi reloj. Ya no detengas el reencuentro libérate, quiero estar amor mío sobre tu pecho aunando los latidos. Te vuelves sin fin en mi alma, ¡vuelve a mi destino! que las sombras huyan con el amanecer. Mientras la vida te cuenta historias y tus ojos deambulan en el nocturno en busca de mi esencia, te espero furtiva!!!, colgada de la luna...


PÁJAROS LEJANOS
André Cruchaga

Aquellos pájaros primeros que incendiaron mi alma, tímidos tanteos
hacia la rama que nada tiene con la sombra.
Juega el tiempo en las aguas que imagino, en el ala que sostiene sueños.
A veces me vienen pedazos de aroma de las campánulas.
Pájaros lejanos, acaso como la lluvia que llega golpeando mis pupilas.
Acaso como un incendio del que ya no tiene control el alba,
sino el galope vencido de la brasa.

(Ya sólo me queda la memoria y la voz cansada y algunos amarillos clavados
en mi piel, y mis zapatos que compensan ala y trenes.)

Cada vez las distancias se tornan más lejanas, un trapo de ojeras
en los párpados y encima los ásperos días del calendario.
Ya casi hemos dejado también las palabras, para sopesar el sonido quemado
del polvo, y el jadeo húmedo de la carpintería de los cuerpos.
Los desvelos son interminables: allí, sin embargo, los relámpagos del sexo,
y su casa de aroma que me habla de la sustancia quebrada del paraíso.

(En la desmesura, claro, gotea todo el rocío, líquidos los alientos.
A veces entristecidos como el yo en el vacío, como el búho y sus dominios.
Sobre la lejanía, los pensamientos erráticos sin ninguna audiencia.
Todo se aleja tal los ojos sordos del absurdo y los cementerios.
Suspiro y aprieto mis demonios.
Camino oscuro y con la salmuera rota de todos los agujeros de mi sombra.
Respiro mientras me golpean los últimos recuerdos.)

Barataria, 2017


LA ESQUIVA MARIPOSA
F.S.R.Banda

Fue instantánea, fugaz como un relámpago, dejó el verbo titilando detrás de su imagen en una estela que fue aguas, olajes, espumas, y también una bandada de pájaros huyendo. Definió sus territorios con una mirada altiva y distante, dueña del horizonte. De ella surgieron lejanos simulacros de voces y de silencios. Poseía en la magia de sus ojos los códigos de los vestigios que dejaban las piedras cardioides, los troncos carcomidos por los años, los dibujos de las nubes y las flores en su íntima cercanía. Fue distinta, súbita e imprevista.

Nota.- Prosa en noventa y una palabras, a la manera de “La Cálida Entraña” de Juan David Porras Santana (1955-2016). (PARADOXAS N° 225, Octubre de 2016)


VESTIGIOS (Primer borrador)
F.S.R.Banda

Y pensar que todo esto; bosques, río, pájaros, atardeceres, frías madrugadas brumosas, peces, flores, mariposas, pequeñas piedras, seguirá existiendo más allá de tu nombre y de mis cenizas, que no habrá día que no amanezca a pesar de nuestras ausencias. Que todos los sonidos recuperarán tu voz y yo no estaré para reconocerla o devolverla como un eco escondido en las otras piedras más antiguas. Pero sé que siempre habrá alguien que vea el perfil de tu rostro en las nubes, en la corteza de un árbol, en las misteriosas piedras con forma de corazón, y sepa o intuya que tú existías cuando yo escribí estas palabras pensándote inmerso en la brumosa nostalgia inicial de este día.

Estero Yerbas Buenas, 16 abril 2017



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 232
2 de Mayo de 2017

martes, 4 de abril de 2017

PARADOXAS N° 231

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 231


INDICE

¡se siente sola, cuando está con usted! - Rosana Bustamante Gamboa
GRACIAS UNIVERSIDAD POR REGALARME LA MESURA - Rosana Bustamante Gamboa
Resucitándome - Ivonne Concha Alarcón
CARCOMA DEL SONAMBULISMO - André Cruchaga
VASTO PARPADEO - André Cruchaga
Cocuyo (fragmento) - Severo Sarduy
Farabeuf (dos fragmentos) - Salvador Elizondo.
Carta a la dulce juventud - Pedro Lemebel
HUYO DE TU VOZ ENTRE LAS DALIAS - F.S.R.Banda


EDITORIAL

“Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos.”

De ‘El Nuevo Arte de Hacer Libros’, Ulises Carrión, publicado en "Second Thoughts", Void Distributors, Amsterdam, 1980. Vale.

El Editor


¡se siente sola, cuando está con usted!
Rosana Bustamante Gamboa

PORQUE SOFÍA LORENS RECUERDA, QUE OLVIDO DURANTE AÑOS AMARSE A SÍ MISMA
y esos besos con sabor a mermelada de quilvo
por las mañanas, cuando usted, despeinado e impreciso
sobre esa eléctrica guitarra, que manosea en “mi, menor”
y cuando hacen el amor sobre el tejado
en su habitación de padre carmelo, mientras
en el comedor suena ese cantante de boleros
recordando “los ardientes amores de una mujer”
y en un destartalado armario sin puertas
(herencia de una madre muerta en la dictadura
de un pueblo ¡donde nadie tuvo tiempo para ser muchachos!)
una maleta recién hecha con esa idea de dejarse ir
y una colorida enagua de la ropa americana
por otro lado, sofía lorens, quiere amarlo y lo logra a veces
cuando usted besa ese jardín de silvestres bayas, que ella posee
abierto exclusivamente para su persona, de martes a domingo
y donde intenta dormir sobre su pecho de maduro varón
hasta que recuerda los cien años que vivieron juntos
bebiendo café y bailando solos, en la vereda
y en una oscuridad que viene de la ventana
¡una oscuridad que se inventó cuando usted, jugaba a la rayuela!
y perdía apuesta por apuesta, porque nunca fue bueno
para los tiros libre, las predicciones, ni contar ovejas
y ella, ahí pensando ¡como ama la idea de poder amarle algún día!
que ha colgado unos escapularios con la virgen de lourdes
en la cabecera de la cama y en su oreja izquierda
para recordar este dilema y esperanzada
sobre la pelvis que se agita
y ese oculto deseo, que se ha desatado esta mañana.

Nota de la autora.- En la poesía moderna o vanguardista, se suele escribir todo el texto en minúscula, a veces sin comas ni puntos. En este caso todos los sustantivos propios se han escrito con minúscula, como una libertad de quien escribe, quien además escribe sólo el título en mayúsculas y lo integra al texto completo... es decir, se parte con un verso y el título viene después. Muy loco... sí... muy loco... pero para eso es la poesía, para soñar los mundos que aún no existen.


GRACIAS UNIVERSIDAD POR REGALARME LA MESURA
Rosana Bustamante Gamboa

que tiene el limonero de este patio
cuando pide el agua que escribo en las piedras
y por darme esta justicia donde vivo los martes y jueves
hablando de lagartijas con Mercedes y Enriqueta que son mis hermanas
porque los lunes y el resto de la semana
vivo en esta libertad que encontré en tus escaleras
donde duermo hasta las cinco de la mañana
para escuchar el abecedario de los pájaros
y cruzo puentes hasta su alma, que me piden sea su novia
gracias porque puedo elegir con quien converso
y leo las casas que ha construido en su alma-pensamiento
puedo caminar por sus habitaciones y susurrar
esas canciones que limpian los escombros
tomar de sus árboles la fruta sabrosa e invitar a comerla
mientras se piensa en los dinteles por construir
y porque estoy en medio de este pueblo
sin decir nada sino leyendo a las que partieron
sonriendo sus sonrisas para este continente, donde los gatos
decidieron quedarse conmigo y cerca de los almácigos donde trabajo
porque aquí es donde cambia el mundo
cuando una madre muerta me deja a cargo del timonel
en esta vida que pide al cielo ser cielo
y a la tierra las palabras que se tejen entre lianas
que albergan esta idea de la persona-humana en mi pecho.


Resucitándome
Ivonne Concha Alarcón

Bésame con la fuerza del imaginario deseo, deséame sin sosiego ni descanso, descansa entre mi piel y mi sueño, suéñame en la distancia ardiente desesperada, desespera mi noche con tu fuego y tus besos, besos rojos ardiendo entre leños secos, secas hojas que se las lleva el viento, viento que mece mi cabello, cabello besando el tuyo mientras tu mano me recorre la vida, vida que despierta mi invierno, invierno que naufraga entre la lluvia de tus besos, besos mordiendo la noche despertando mis sentidos que te anhelan, anhelos resucitándome… resucitándome.


CARCOMA DEL SONAMBULISMO
André Cruchaga

Hinchado de carcoma se insinúan los sonambulismos y su regocijo de grito.
Una carcajada desanda la piedra pómez de los caminos.

Siempre alrededor las alambradas del miedo y las sogas enrolladas
al cuello y la luna amarilla colgando de los párpados y los relinchos líquidos
del espejismo y los güishtes hurgando en los sentidos.

Trepan las campanas calladas de las telarañas, los pespuntes inválidos
del pellejo: cada cicatriz arrastra ciertas demencias, ese nosotros evasivo
del hollín en pequeños candiles de querosene.

Ante el prójimo envejecen las ropas según las paredes que nos ciegan
de adobes y bahareque, según la argamasa del grafiti que no cesa.

El dintel de la melancolía se nos muestra convulso, casi como una calle
atemporalada de pantalones solos y altares inenarrables.

Con todo y la aridez de los incendios, me vuelvo al precipicio del musgo
invisible quizá porque allí puedo andar descalzo.

—Todo tiene sentido cuando sangra el juelgo de la infancia.
Hay evidencia del amargor de los escotes y de las arrugas retorcidas
del parpadeo: azota el hosco gargajo de los rebaños y el tiempo mísero
entre los dientes. El atrio torcido de los brazos.

Sangran las rendijas de la respiración y la esquina divisada de los afueras.
Jamás la oscuridad deja de golpear como un metal compulsivo.
Empapado de calles no siento los ojos, ni el sarcasmo del cielo prometido.

(A ella siempre le digo que se aleje de mis pestañazos de locura,
o que guarde mi pálpito sin anteojos, en su ombligo)

Barataria, 14.II.2017


VASTO PARPADEO
André Cruchaga

Hacia los agujeros que se forman en la soga, el vasto parpadeo de los féretros,
los postreros pensamientos agregados al crepúsculo,
la sombra monótona e impasible de los cuerpos: el confín aprisiona los ojos
junto al agua de sal que presiden los suspiros.

Me zambullo en la amarilla almohada, rutilante de trenes.

Siempre es terrible divagar en el cuchicheo de algún pétalo extinguido;
alguien, de seguro, conserva todavía algún respiradero para los olvidos.
Alrededor de esos vastos golpes, cabecean los sepultureros del silencio,
mientras la niebla garabatea algún panegírico.

Son vastas las muertes colgadas en el aliento. Uno lleva en cierta forma,
pedacitos de tumbas en el costado,
noches de relámpagos desmoronándose, rasguños de algún infierno húmedo,
o simplemente abolladuras en los espejos.

Crujen las cartas y las tarjetas postales en su remolcada caligrafía.

Descienden, se desclavan los paraguas solemnes del tiempo: una puerta
rechina y agiganta mis laberintos, las solas palabras con llaves.
De vuelta a la página, el litoral remoto de pájaros, las calles abiertas al paladar,
los gritos gigantes de las ventanas.

—Espero aquí, después de todo, el sermón vertical de los pedernales.

Entre el ruido de un hueso y otro, la hojarasca de los fuegos inaudibles.
Allí, cerca del suelo, la piel y su ahuecado paraguas, los baldíos de la noche.
Nunca hay certeza para saber cuánto crece la sed…

Barataria, 2017


Cocuyo (fragmento)
Severo Sarduy

Para mí que sintió la mirada de las tías acribillándolo desde las trincheras de los ojos, el espejeo cegante de las sedas, como fogonazos plateados, el índice anillado como amatistas relumbronas, que lo mostraba: "­Míralo, míralo, cagando en el tinajón!" Fue un diminuto San Sebastián excretante, flechado en plena fechoría, un culicagado hazmerreír, fato indefenso. Fue su primer miedo. Miedo a la mirada: un chiquetazo de alfileres mojados en curare que iban fijándolo, crucificándolo, fosilizándolo en vivo, en lo alto de su doble trono. Pegó los brazos contra el cuerpo, como si fueran a retratarlo. Sintió que no podía moverse. Quería hundirse para siempre en el tinajón, ahogarse entre ranas y gusarapos, llegar hasta el sedimento verde tornasolado del agua y, atravesando el fondo de barro, fundirse en la capa de tierra minera, ferruginosa y fría, y allí quedar acurrucado, feto arenoso, o herrumbrosa momia: a la vez prenatal y póstumo.


Farabeuf (dos fragmentos)
Salvador Elizondo

Ese libro… ¿recuerdas?… el libro que alguien dejó olvidado en esa casa y entre cuyas páginas amarillentas encontraste dos cartas; una que describía un incidente totalmente banal ocurrido en la playa de un balneario lujoso y otra, redactada febrilmente, un borrador tal vez, muchas de cuyas líneas eran ilegibles y que hablaba de una curiosa ceremonia oriental y proponía, al destinatario, un plan inquietante para conseguir la canonización de un asesino… ¿recuerdas ese libro?
Hoy es un día especial, una hora especial, un instante, aunque sea sólo eso, en que espero ver colmado mi deseo. Debes prepararte con toda conciencia, no sin cierta humildad, a pasar por esa prueba, por esta ceremonia capital. No turbes ya las cosas que nos rodean. Todo es sólo un instante. Mantén tu mirada fija en ese signo que has ideado. Yo hago lo posible por ayudarte. Es preciso que estés dispuesta, que aceptes este sacrificio con todas sus consecuencias; no debes dudar un solo momento de mis buenas intenciones. Quiero, en cierta forma, revelarte un misterio inaccesible; quiero dilucidar, para que tú lo sientas con toda su inexplicable verdad, el misterio que te mantiene inmóvil ante mí. Comprenderás, cuando llegue el momento de hacer la señal al meneur, cual ha sido la verdadera significación de este instante. No temas. Considera este ejercicio como una disciplina interior, como una meditación que conduce al éxtasis, te darás cuenta, estoy seguro de ello, de que tu cuerpo desfallecerá huyendo de ti misma y solo su significado, su esencia ultima, se concretara en las palabras que tu digas… ¿recuerdas?


Carta a la dulce juventud
Pedro Lemebel

A ti, mi querida polilla de farol, mi carreteada zapatilla cesante. A la verde juventud universitaria, que escribe su testimonio con la llamarada de una molotov que tisa de rabia el cemento. A los encapuchados del Arcis, de la Chile, de tantas aulas tomadas en la justa demanda de querer estudiar sin trabas económicas, sin la monserga odiosa del crédito, del recargo, de la deuda y el pago. Como si no bastara con quemarte las pestañas dándole al estudio los mejores años de tu vida, para después titularte de neurótico vagoneta. Como si no bastara tu dedicación, tu sincera dedicación, cuando te humea el mate toda la noche, hasta la madrugada leyendo, dejando de lado ese carrete bacán que chispearía de pasión tu noche de fiesta. Tu gran noche, pendejo, donde chorrearían las cervezas y un aire mariguano pintaría de azul el vaho de la música. Como si no bastara con todas las negaciones que te dio la vida, cuando postulaste a esa universidad privada y el «tanto tienes, tanto vales» del mercado académico te dijo: «Tú no eres de aquí, Conchalí, —No te alcanza, Barrancas, —A otro carrusel, Pudahuel, — A La U. del Estado, Lo Prado.»


F.S.R.Banda

Huyo de tu voz que me enceguece los caminos por donde me extraviaba para desaparecerme, que me santifica los rumbos y me enternece las estaciones, me fugo hacia un silencio de piedras heridas y altos cañaverales y vuelvo a encontrarla en las vertientes escondidas, en los acantilados donde los musgos crecen escribiendo tu nombre, en los gaviotales atardecidos y en las pajareras del mediodía, y es tu voz en su cadencia pagana la persiste en su salvaje recurrencia de obsesión clandestina como una ventolera sobre los cuarzos de las arenas que dormían esperando el polvo o la ceniza, y se repite eco entre el ramaje del bosque, acude, desborda, exhala un perfume oscuro de yerbas sagradas, de dalias eternas y de misteriosas amapolas, de una noche de evanescentes madreselvas y del aquel ciruelo enarbolando su albo velamen en el negro terciopelo de un nocturno adolescente que buscaba [sic] tu voz en los equivocados territorios de los amores niños o de las pasiones que nunca alcanzaron el otoño. Huyo de tu voz que me inunda y me recorre, que me acaricia la piel más profunda, y que me deja estremecido por la nostalgia crepuscular de esas las dalias perdidas en el tiempo, y me deja ser niño otra vez y recuperar la sensación de la cercanía de mi madre haciendo florecer las primaveras de mi infancia, y tu estabas ahí con tu voz entre el silencio de las dalias, vestida de ese blanco de perfecta musa imposible cantando con tu dulce sensualidad de mariposa intocable. Huyo de tu voz por los laberintos desquiciados de mis memorias que ya la poseían como escondida semilla subterránea entre los herrumbres de otras voces que iban hilando la telaraña de tu voz que me atraparía en este destiempo de invencible distancia, de océano de por medio, de horas desplazadas por una astronomía que semeja el azar furioso del destino que no quiso que fueran las mismas mañana o los mismas noches, porque tus madrugadas aún son noches en mis comarcas adormecidas y los sueños no se reflejan en los mismos espejos. Huyo de tu voz para seguir buscándola en los cristales de las lluvias de la noche y en los colores de los peces sumergidos, pero ahora sabiendo que te escondes en tus mariposas y tus flores, en las piedras foliadas y en las gárgolas, en los vitrales de antiguas catedrales y también en algunas tardes en los asombrosos dibujos de las nubes. Sé que sentirás que alguien te piensa a lo largo del día, de los días, de los años venideros, y sé que sabrás que soy yo embrujado (sin huida posible) aún por tu voz.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 231
4 de Abril de 2017


miércoles, 1 de marzo de 2017

PARADOXAS N° 230

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO


Año XIII - N° 230


INDICE

ELLA AVISA QUE SE PONDRÁ A TEJER CROCHET - Rosana Bustamante Gamboa
CUÉNTAME TÚ - Beatriz Graciela Moyano
AJENA VIDA - Francisco Townsend
TEMPRANA FUGA - André Cruchaga
¡VEN CON EL MISMO VESTIDO DE AYER! - Rosana Bustamante Gamboa
EL DIA SIGUIENTE - Ivonne Concha Alarcón
Plagiando a Borges. - Francisco Antonio Ruiz Caballero
VIAJE AL OTRO INVIERNO - F.S.R.Banda
NOTICIAS DEL IMPERIO (Fragmento) - Fernando del Paso


EDITORIAL

"Mientras escribía [su último libro], por primera vez me asusté, no me había pasado con mis libros anteriores, pero esta vez fue algo muy intenso, como un derramamiento de sangre, un flujo que no podía controlar. Y aquí quiero llegar a una cosa fundamental: el lenguaje poético es profundamente autónomo, discurre solo. Yo sentí mucho en este libro un trabajo de escisiones profundas en el lenguaje. Cuando se habla del tono polifónico en mi trabajo, eso se debe a muchas escisiones que he tenido que arrastrar. Somos personas profundamente escindidas. Tengo claro que la musa que siempre me ha acompañado es la musa de la contradicción abyecta. No hay poesía si no hay contradicción: negación y afirmación simultáneamente"
Bruno Vidal, el poeta de Punta Peuco.

Pirateado de El Mercurio, suplemento Artes y Letras, enero 8 de 2017. Vale.

N. del E. Cito: “Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos”. En ‘El Arte Nuevo de Hacer Libros’, Ulises Carrión, 1980.

El Editor


ELLA AVISA QUE SE PONDRÁ A TEJER CROCHET
Rosana Bustamante Gamboa

para detener el impulso de escribir
sobre las hojas de los árboles
que tienen su casa plagada de diptongos
hiatos, y verbos en pluscuamperfecto
sin mencionar todos esos renglones llamando
a un amado que se hace el leso
y nunca baja de la cordillera donde observa
zorros chillas y otras especies en peligro de extinción
¡y qué decir de esas palabras reposando en los almácigos!
buscando una felicidad con la que se soñó
sobre los áticos de una niñez, en los campos de Maipú
donde se comía higos y cuidaba perros sin nombre
que ahora resuenan en medio de las faenas
que nunca se terminan porque las palabras
están soldadas en esa lengua que no reposa
y se atraganta con tanto color de las sílabas
que en tres, dos y un golpe de voz, señalan el nombre
de aquel guerrillero que duerme
abrazado a los macizos de Neltume.


CUÉNTAME TÚ
Beatriz Graciela Moyano

(Al buen escritor y gran amigo José V. Valdéz)

Tú hombre navegante, que has devorado mar
Qué has soñado embrujado de murmullo
Qué bañaste tu cuerpo en brillo de estrellas
Y quemaste la piel a puro viento salino y sol.

Tú, callas las melancolías y nostalgias, cuéntame
Cuéntame la inmensidad del verde azulado
Esa mística existencial sobre nobles delfines.
Dime lo que quieras, certezas, vivencias o quimeras.

Tú que aspiraste libre, la brisa y su sal en proa
Cuéntame, sensible hombre de mar, ¿es cierto?
¿Esos bellos seres acompañan navegantes?

Cuéntame, la furia del implacable viento, sus azotes.
Las lunas y sus fases, cuéntame algo de los puertos
O el sol allá en lo infinito al amanecer, cuéntame tú.


AJENA VIDA
Francisco Townsend

Hubo un instante en que se dio cuenta de que la vida era suya

No fue en los inicios cuando correteaba detrás de los gorriones en el patio de los nogales nortinos

Ni cuando jugaba a la pelota en el patio del colegio con nombre en ingles y pronunciación local

Fue mucho más tarde de cuando ya se había enamorado profundamente

De decenas de mujeres silenciosas a las que nunca habló

Fue mucho después incluso de conocer la magia del amor carnal

Incluso después de vivir con su mujer de antes y después de vivir con su mujer de después

Fue en un instante de lucidez extrema jugando con su última amante

Agradeciendo por todo lo que había tenido, fue ahí cuando se dio cuenta que la vida era suya

Y a pesar de todo, no se atrevió a tomarla.


TEMPRANA FUGA
André Cruchaga

Súbitas calles muerden las sombras de mis pies. Hienden las sienes
las hienas sordas de la negrura; ciegas las infancias del ojo indefenso
ante el olfato roto de las alambradas.

Uno acaba cambiando de piel ante la polvareda, o la carcajada abierta
que nos desafía. A veces sólo queda cruzarse de brazos, adelantarse
a los horrores de la noche,
morder el pescuezo siniestro de las deshoras, jurarle a la reúma
del poder sobre las migajas, o encasquetarse en la boca
de los sombreros sin posibilidades de retorno.

Jamás se retorna a las mismas aguas, aun cuando giman las culpas.

En los alrededores de los sueños, hay necesidad de tocarle las manos
a las horas, precipitarse en las caligrafía de los cadáveres,
repasar las lápidas quebradas del aliento.

Ahora únicamente sobrevivo al ronroneo de la apariencia, al grito
desordenado de los candiles, al párpado quemado de premura.
Soy convicto de penurias, y confesas verrugas que de seguro requieren
más de una cirugía. Leo desde el calorcito de las cloacas.

Me divierte a fin de cuentas el fastidio, esta herida abierta que nunca
fue curada (me duele evocar la saliva de tu boca, no regresar al umbral
de tus muslos. Me duele el frío en mis manos.
Me duele pensar en los condones reales de la soledad y obligarme
a un tiempo de vómitos de tedio y a yermos ardimientos.)

Barataria, 04.I.2017


¡VEN CON EL MISMO VESTIDO DE AYER!
Rosana Bustamante Gamboa

y esa soltura de tus caderas/ la exquisitez de la voz cuando dices Luis Emilio/ esos cabellos que no saben por dónde caminas mujer/ y los besos que te cubren el agraciado pubis/ ven con la sonrisa y tu bolso de crines/ por donde puedo mirar las piernas pintadas/ por ese océano donde piensas los lunes/ y alborotas las arenas pegadas a tu almendrada piel/ donde quiero dejar escapar los años de espera/ desnudo y recogido en mi propia memoria/ que quiere desvestir tu parloteo por debajo de los muslos y entre medio/ donde tienes esa paz que reposa cuando te imagino.


EL DIA SIGUIENTE
Ivonne Concha Alarcón

Las manos encadenadas a la piel desnuda tintinean nerviosas, van a hurtadillas buscando el rosario cautivo, rompiendo los cristales tornasol del alto castillo de mármol de chocolate azul. Los dedos desjoyados se entrelazan curiosos desconociendo la ruta del camino a la cima mientras el viento mueve las plumas del atrapasueños curioso y tal vez hasta celoso perdiéndose entre las lágrimas de la lámpara antigua de aquel viejo lugar de altos campanarios. Los ruidos guardan silencio, hoy no están curiosos, no están hambrientos de pasión, solo duermen cansados de los ajetreos que dejaron los empedrados caminos de la curiosidad horrorizada de romper los hielos del abandono del placer solitario. Recorrerá mi péndulo de acero esas andanzas por mi piel que hacían gemir los sueños apegados a los cantos gregorianos de la soledad lejana. Hoy seré solo la anémona de mi propio paraíso, la primavera que siempre revive el corazón de su propio principado en el que vives tú mi pálido sol encumbrado entre los rayos que cruzan el arcoíris dejando dudas de la existencia de un próximo verano...


Plagiando a Borges.
Francisco Antonio Ruiz Caballero

El Espejo de Tinta. (Homenaje a Jorge Luis Borges, léanlo, es un autor soberbio).

II.
En la cámara de palacio de Yacub el incienso se quema. Hay tres pavos reales presenciando la escena. Una piel de guepardo extendida tapiza azulejos dorados, yeserías de mármol, y ladrillos amarillos, donde los mocárabes se cruzan con los damasquinados y se repite siete veces el nombre de Alá, bendito sea, para que ningún hereje cometa pecado. Abderraman el Masmudi está frente a Yacub, y suplica y se duele, y suplica, y se llora, y tiembla como los dientes en una noche de invierno, y siente un escalofrío desde la pies a la nuca. Y su miedo es tan grande que pudiera decirse que todos sus esfínteres se hayan sacudidos. Y su miedo es tan grande que daría su alma, si no fuera el muchacho tan bueno como un lirio. Abderraman el Masmudi está frente a Yacub, y tiembla como el timbre que se toca en las puertas, y suplica le dejen un minuto de vida para ofrecer a Yacub un minuto de magia. Yo te haré ver maravillas sublimes si no tomas mi vida ni me mandas el verdugo.

III.
Una onza de Benjuí y semillas de cilantro, arden en un brasero de bronce con la forma de una cobra. Yacub pide a Abderraman que le muestre: el abismo sin fondo en que la tierra se sostiene, los peces de colores turquesas de las riberas de Indico, la maquinaria del cielo que hace mover la luna, los ángeles de cabellos rubios que cantan en la aurora, y los que tañen las campanas cuando cae la tarde y cantan sobre las aguas tranquilas de los lagos, las sirenas que esconden los fondos marinos, los artilugios de guerra de los infieles, los tesoros que hay en el fondo de la tierra, los dhijng que bailan en las tripas de los volcanes, los monstruos que esconden las selvas tenebrosas, y los leviatanes de las profundidades oceánicas, las perlas que surgen en el seno de las ostras, los instrumentos de música de los querubines, los diez mil ángeles que hay en la pupila de una muchacha, los colibríes de colores rojos y azules, y las libélulas doradas que hay en el paraíso. Le pide que le muestre los guerreros de la China, y los soldados que protegen la tumba de los emperadores, le pide que le muestre los tintes vegetales con los que los pintores infieles diseñan sus dibujos, le pide que le muestre las esencias vegetales y los venenos que matan sin causar dolor, las plantas comestibles y aquellas que hacen daño, y los animales feroces que esconden las plantaciones. Le pide que le muestre la ciudad llamada Europa, y los asesinos que se esconden entre los arrabales.


VIAJE AL OTRO INVIERNO
F.S.R.Banda

El color de los ojos de Marianela en cierta tarde mirando el atardecer, un violeta y un verde fosforescente en la esquina que daba al mar hacia el poniente y donde  todo era allí, la angustia de extraviarte y la ansiedad por volver a encontrarte, la ventolera y la lluvia que arrecia desde la altura de los bosques oscuros con los ulmos de blanco florecidos, los dados que jugaban cada uno a su aire su pequeño azar instantáneo, la noche de las cinco lunas estrelladas que la memoria guarda como fugaz destello del ahora imposible, la suma y sus cansancios, el río ancho lento con sus aguas casi quietas bajo la lluvia que es todas las lluvias, el silencio que es todos los silencios, los del verbo encarcelado y los que se escondieron en las cenizas de los rescoldos de la dulzura de [tu voz] las voces ya sin rostros, el preciso matiz de unos labios despintados por la turbulencia de una noche de besos y susurros, este invierno que posee el encanto de lo probable y la certeza del vacío, la lluvia, siempre la lluvia como si lloviera en otro invierno, el vino que busca en la contingencia la derrota o la victoria, ambas inútiles en la hora tardía, la cata de los whiskies de los aromas perdidos, con esos sabores que se quedan doliendo para remarcar la nostalgia, un sol que nunca amanece y una luna ciega, y el vaho de los montes sobre la fría mañana, ese breve invierno donde la voz se curva desesperada y desaparece.

Post data.- Ese nombre es un simulacro o un espejo que no refleja sus ojos en su vértice esencial. Ese violeta y ese verde fosforescente son solo antiguas y veneradas reliquias de un desértico territorio, quizá la antípoda climática de este otro invierno.

Desde la ribera poniente del Estero Yerbas Buenas, 18 al 20 de febrero de 2017


NOTICIAS DEL IMPERIO (Fragmento)
Fernando del Paso

I - CASTILLO DE BOUCHOUT - 1927

(Fragmento del fragmento)

Hoy ha venido el mensajero a traerme noticias del Imperio. Vino, cargado de recuerdos y de sueños, en una carabela cuyas velas hinchó una sola bocanada de viento luminoso preñado de papagayos. Me trajo un puñado de arena de la Isla de Sacrificios, unos guantes de piel de venado y un enorme barril de maderas preciosas rebosantes de chocolate ardiente y espumoso, donde me voy a bañar todos los días de mi vida hasta que mi piel de princesa borbona, hasta que mi piel de loca octogenaria, hasta que mi piel blanca de encaje de Alenzón y de Bruselas, mi piel nevada como las magnolias de los Jardines de Miramar, hasta que mi piel, Maximiliano, mi piel quebrada por los siglos y las tempestades y los desmoronamientos de las dinastías, mi piel blanca de ángel de Memling y de novia del Béguinage se caiga a pedazos y una nueva piel oscura y perfumada, oscura como el cacao de Soconusco y perfumada como la vainilla de Papantla me cubra entera, Maximiliano, desde mi frente oscura hasta la punta de mis pies descalzos y perfumados de india mexicana, de virgen morena, de Emperatriz de América.
El mensajero me trajo también, querido Max, un relicario con algunas hebras de la barba rubia que llovía sobre tu pecho condecorado con el Águila Azteca y que aleteaba como una inmensa mariposa de alas doradas, cuando a caballo y al galope y con tu traje de charro y tu sombrero incrustado con arabescos de plata esterlina recorrías los llanos de Apam entre nubes de gloria y de polvo. Me han dicho que esos bárbaros, Maximiliano, cuando tu cuerpo estaba caliente todavía, cuando apenas acababan de hacer tu máscara mortuoria con yeso de París, esos salvajes te arrancaron la barba y el pelo para vender los mechones por unas cuantas piastras. Quién iba a imaginar, Maximiliano, que te iba a suceder lo mismo que a tu padre, si es que de verdad lo fue el infeliz del Duque de Reichstadt a quien nada ni nadie pudo salvar de la muerte temprana, ni los baños muriáticos ni la leche de burra ni el amor de tu madre la Archiduquesa Sofía, y que apenas unos minutos después de haber muerto en el mismo Palacio de Schönbrunn donde acababas de nacer, le habían trasquilado todos sus bucles rubios para guardarlos en relicarios: pero de lo que sí se salvó él, y tú no, Maximiliano, fue de que le cortaran en pedazos el corazón para vender las piltrafas por unos cuantos reales. Me lo dijo el mensajero. Al mensajero se lo contó Tüdös el fiel cocinero húngaro que te acompañó hasta el patíbulo y sofocó el fuego que prendió en tu chaleco el tiro de gracia, y me entregó, el mensajero, y de parte del Príncipe y la Princesa Salm Salm un estuche de cedro donde había una caja de zinc donde había una caja de palo de rosa donde había, Maximiliano, un pedazo de tu corazón y la bala que acabó con tu vida y con tu Imperio en el Cerro de las Campanas. Tengo aquí esta caja agarrada con las dos manos todo el día para que nadie, nunca, me la arrebate. Mis damas de compañía me dan de comer en la boca, porque yo no la suelto. La Condesa d'Hulst me da de beber leche en los labios, como si fuera yo todavía el pequeño ángel de mi padre Leopoldo, la pequeña bonapartista de los cabellos castaños, porque yo no te olvido.

Nota.- La tercera novela del escritor mexicano Fernando del Paso, Noticias del imperio (1987), se desarrolla alrededor del Segundo Imperio mexicano (1862-1867), sobre todo respecto a los emperadores Maximiliano (1832-1867) y Carlota (1840-1927). Esta novela posee un total de 23 capítulos, de los cuales solamente los impares están narrados por el personaje de Carlota, mientras que los pares poseen distintas voces narrativas. Los capítulos impares son doce en total y todos presentan el mismo título: "Castillo de Bouchout, 1927". Este discurso poético presente en los capítulos impares refleja la condición mental de Carlota, es decir, muestra la corriente de conciencia de este personaje.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.



Revista PARADOXAS N° 230
de marzo de 2017



viernes, 3 de febrero de 2017

PARADOXAS N° 229

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO


Año XIII - N° 229



INDICE

NO SOY YO A QUIEN TOMABA DE LA MANO EN ESA PLAZA... - Rosana Bustamante Gamboa
QUIEN ENCIENDE LOS FUEGOS - Rosana Bustamante Gamboa
ASI SUCEDEN... - Ivonne Concha Alarcón
ERRANTE - Beatriz Graciela Moyano
ANILLOS DEL HUMO - André Cruchaga
ESCEPTICISMO - André Cruchaga
LA PALABRA - Pablo Neruda
Plagiando a Borges. - Francisco Antonio Ruiz Caballero
REFUNDACION DEL OTRO INVIERNO - F.S.R.Banda



EDITORIAL

Las formas y técnicas barrocas, o alusiones a lo barroco, se están produciendo cada vez con más frecuencia en diferentes medios. Se trata de expresiones que se han denominado “neobarrocas” precisamente por su adaptación de diversas estrategias barrocas.  Muchos anuncios publicitarios son un buen ejemplo de este fenómeno. Esto no es de extrañar si consideramos que la expresión barroca, con su afán por la teatralidad, la ilusión visual, la proliferación de elementos decorativos, y la tendencia a la hipérbole, resulta idónea para la creación e interpretación de ciertos mensajes, así como para llamar la atención no sólo sobre el contenido sino que también sobre la forma en que se comunica el mensaje. El neobarroco, a diferencia del postmodernismo, no desintegra las grandes narrativas, sino que las corrompe, las desbarata, o se burla de ellas, siendo consciente de que forma parte de una tradición transhistórica e híbrida que, como tal, es parte de una narrativa en sí.  El ámbito publicitario no ignora esto, y lo adopta como técnica de imagen y comercialización.
            Características típicas del barroco como la exuberancia, el dinamismo, el engaño, la ambigüedad, el juego entre apariencia y realidad, la ilusión y la alusión, la intertextualidad, la apelación a los sentidos, lo lúdico, la paradoja, los sueños y lo que Eugenio D’Ors llamó la búsqueda del paraíso perdido, se acomodan perfectamente a la ideología de las prácticas publicitarias o de ‘marketing’. Pues, con frecuencia, lo que se pretende es vender una imagen que llegue a trascender la veracidad del producto en una especie de guiño de complicidad con el consumidor.  Éste, normalmente, es consciente de la exageración, la apariencia y el engaño que se representa en el anuncio comercial, pero está dispuesto a “dejarse embaucar” sabiendo que, al final, es él (o ella) quien tiene la última palabra.  No obstante, el objetivo final de la publicidad es convencer al consumidor para que actúe y compre, y si consideramos el abundante uso de formas y conceptos neobarrocos en anuncios comerciales, no es difícil reconocer su potencialidad mercantil. Lo (neo)barroco vende, y muchos publicistas utilizan técnicas neobarrocas como vehículo de expresión para obtener determinadas respuesta por parte del público consumidor.
Lo neobarroco resulta útil para confrontar ciertos modos de pensar, incluso para proponer o articular, si se considera oportuno, un rechazo del régimen, la razón, y/o la historia lineal. Además, éste es un mundo global en que la imagen, el símbolo, el emblema o el logo son aún más prevalentes que en sus tiempos lo era la emblemática barroca. Por otro lado, tanto en lo barroco como en lo neobarroco los medios artísticos se encuentran estrechamente entrelazados y se condicionan mutuamente.  Debe considerarse también que no es posible estudiar una obra barroca o neobarroca analizando la forma e ignorando su fondo, su conceptuación, o su razón de ser; así como el hecho de que la percepción sensorial (visual, auditiva, etc.) que nos ofrece la forma o composición de la obra conlleva intrínsecamente su fondo y su temática.
Al respecto, en sus estudios sobre la teoría sarduyana del neobarroco, Irlemar Chiampi observa que ésta “avanzó hacia el tema de la simulación/simulacro, logrando ‘ajustarse’ fácilmente a las teorías de la cultura de masas.”. Así, el signo pasa de ser “reflejo de una realidad básica” a enmascarar y pervertir esa realidad; luego, en el tercer estadio lo que el signo enmascara es “la ausencia de una realidad básica”, para finalizar en el estadio de la actualidad posmoderna a la manera de Jean Baudrillard en que el signo “no tiene relación con ninguna realidad: es un puro simulacro”.  Éste sería el caso, por ejemplo, de ciertos logos de la publicidad actual como pueden ser la manzana que representa tecnología y computadoras (Macintosh); el cocodrilo que representa ropa deportiva de lujo (Lacoste); o un conejito para representar todo un imperio de consumo de productos para adultos (Playboy). La manzana, el cocodrilo y el conejito funcionan como representaciones; y podrían compararse a la emblemática del barroco histórico, cuyo uso, como indica Lois Parkinson Zamora, dependía de la interacción entre textos e imágenes que generaba la alegoría que era preciso descifrar.

Pirateado de “Lo neobarroco como técnica de imagen y comercialización en el siglo XXI”, Catalina Castillón, Ph. D., Lamar University, Beaumont, Texas. Se han eliminado algunas referencias bibliográficas para descomplejizar el texto. Vale.

El Editor



NO SOY YO A QUIEN TOMABA DE LA MANO EN ESA PLAZA...
Rosana Bustamante Gamboa

…no es conmigo... con quien se escribía sobre los árboles de avellanas... no es conmigo con quien se emborrachaba cerca de los gatos... NO SOY YO A QUIEN TOMABA DE LA MANO EN ESA PLAZA... y le contaba sobre sus viajes, al continente que le regaló una corona... no es conmigo con quien jugaba a la rayuela, en el patio de su casa… y Usted, hacía trampas, señor... por eso siempre ha salido airoso... por eso siempre ha ganado en el juego de los buenos y los malos besos... porque además los guijarros del camino no eran nuestros... y a pesar de eso... usted frente a ellos, abrazó un transparente vestido… donde se escriben las mariposas de papel… y una diminuta muchacha, decide marcharse… como una desprendida hoja, que en otoño deja que se la lleve el viento.


QUIEN ENCIENDE LOS FUEGOS
Rosana Bustamante Gamboa

La palabra sabe QUIEN ENCIENDE LOS FUEGOS/ en el corazón de los árboles que descansan/ conoce el principio que acribilla escuelas/ en una salitrera donde juegan niños de pecho/ esperando a un padre venir, con la vida en alto/ con la vida que no sucumbe ante la rosa de los vientos/ y ese miedo en el entrecejo, ese miedo/ que nos observa por la mira de un revólver/ escoltando las constelaciones que se acumulan/ en el adentro de una copa donde fallece/ la persona humana y los paisajes se resisten/ porque quieren volver a la explanada del hombre libre/ donde se conversa con los pájaros y los bosques/ se puede escuchar la voz de dios que nos habla/ en la belleza de un panal de abejas/ que escriben nuestros cabellos cuando se descansa/ con los ojos cerrados y confiados de este continente.


ASI SUCEDEN...
Ivonne Concha Alarcón

Así suceden una a una las circunstancias que rozan la piel en el nocturno silencio de los jarrones de plata escondidos del recuerdo constante, avergonzado de haber sido testigo de aquel lejano amor de sabor a agua salada, mar encantado, plagado de sirenas celosas en el roquerío donde el agua salpicaba de risa por los amores donde el marinero escondió sus jolgorios de triunfos. Hago clic en la memoria oculta de un ayer no muy lejano donde sonreía maliciosa y cómplice del fauno oculto entre los rosales amarillos que esconde los anhelos de la tarde caprichosa. Tal vez un día llegue de nuevo la alegría, enamorada de los rubores en las mejillas rosadas de aquella mujer del cuadro pintado de colores pastel que llora cínica el amor fingido... Se asoma la calma del nocturno silencioso buscando el descanso de lo ocurrido, vuela una mariposa golpeándose en el cristal, avanza asustada por la juerga al sol que se dio sabiendo que ya su vida termina habiendo cumplido su proceso de vida, ríe y sonríe ufanándose ante las cucarachas que se esconden entre las sábanas del perro regalón de la dueña de la casa de intenso rosa donde duermen las sirenas cansadas de tanto otear...


ERRANTE
Beatriz Graciela Moyano

Buscando errante en el camino, pensando frases inútiles, recursos y trazos inverosímiles, se enredó en sus propias venas intentando desviar el curso de los riachos muertos, incluso bajo la certeza de que ante la primera creciente inesperada del ancho río, devastados y anegados quedarían. El cauce ineludible, no se detiene con vallas de humo. Fue un fracaso en el intento de crear instancias, con válvulas de escape y sucumbió en los desafíos a las leyes supremas del universo. Cabalgando sueños dio saltos a postas esperanzadas, ese revisionismo que rasga la tierra de sus ancestros, prisionera romántica de la verdad leyó cautivada e hizo proyectos que desvanecieron, derrumbados antes de nacer a su ilusoria arquitectura. Trepó obsesiones de orden, adicción y afición a toda arte, filigrana, toque de oro final a los marcos de cuadros o labrados con punzones y hierros candentes, lustre tintes y muñeca. Una caótica mixtura de todo y nada, escurriendo las verdaderas pasiones en una incomprensible dentellada a la juventud, que sin piedad comenzaba a pulverizarse como limadura fina de obsidiana volátil. Administraba miserias, mientras preparaba valijas para el viajero ansioso y activo que dejaba correr el tiempo, amando de mil maneras y viviendo con ardua inquietud lo irrelevante que centellaba en sus anhelos. Los frutos cayeron maduros de la higuera después que el viejo disfrutara las tiernas brevas. Los ciclos se consumaron entre la estúpida autosuficiencia de una trashumante y bajo la ley convertida en alero y cobijo, de ese alguien que a destiempo evaluó la tolerancia que devino en el errante camino. Finalmente puso el mundo a sus pies, para entonces con los sueños volados estaba vencida a los pies del mundo y parecía no escuchar. Ahora son tres, él, ella y la misteriosa influencia de su desvarío.


ANILLOS DEL HUMO
André Cruchaga

En las sombras encaramadas en las sienes, el matorral y los sótanos negros
del humo, los élitros gastados en la lengua de polvo
de los sombreros colgados de los armarios como pacíficos guijarros.
Con frecuencia uno se reduce a lápida mortuoria, a ese mudo hueco que dejan
los gritos a flor de piel, a esa oscuridad que hurga en el poyetón de los ojos.
Nos sacuden las fisuras que producen los martillos en las paredes.

El país ha aprendido a hacerle costuras a las sombras, a morder la corteza
del óxido, y a asomarse entre huesos a las quemaduras.

Uno va indagando entre las tantas arqueologías de las telarañas.

En el humo encorvado de lo improbable, las austeras inclinaciones
de la descomposición, y los pequeños caminos que levanta el follaje de cipreses.
Sobre el pavimento las grietas mudas de los ojos.

Oigo el fuego y enmudezco de ojos: la calle nos consume con su deriva;
después, ni siquiera he podido recuperar todos los cadáveres, las nostalgias,
ni una sola piel de todas las que poblaron mi tugurio.
Uno es, después de todo, las tantas formas en que se enrolla el hilo del tiempo,
el anillo de humo enrollado en las pupilas como lo haría el búho
con la niebla difusa de las anguilas.

En suma, se vacían aquí todos los murmullos. Tal vez mañana sea diferente
la geografía y, la conciencia, tenga los contrapesos necesarios.
El hastío nos ata al punto de llevarnos al límite hasta de lo más diminuto.

Barataria, 06.XII.2016


ESCEPTICISMO
André Cruchaga

Alguna vez, en lo descampado del escalofrío, el sentido del amanecer:
la mística gris de los caminos es el oráculo de mi entraña.

En la ilusión, el mundo y sus infinitas encarnaciones, el universo secreto
del dolor, sus torbellinos de olvidada quietud.
A través de la mirada van diciendo adiós todos los nombres que he conocido.

Hundido en los vacíos de los atrios, las manos nubladas de los cadáveres,
oscura la mugre de los gemidos,
escéptico frente a las longitudes del abandono. El ojo ilustra las paradojas
de la oferta y la demanda, de cuanto el ala lo es en el viento.

De pronto, soy solo tierra y angustia, miedo omnipotente a las sombras
del desgarro, miedo a esta vieja lluvia del exilio.

Las calles guardan todas las sombras desatadas de la ironía. Los espejos
de polvo y sus falsos estupores. Los ocasos y la perennidad irremediable.
Quiero una sola palabra que no sea olvido.

Ya no sé si puedo interpretar el ahora, y abrigar el lenguaje de mi desnudez.
A veces ya no quiero sentirme ahogado por las enredaderas de la tierra,
ni sobreviviente de la labor de los crepúsculos.

Yo camino hasta allá donde están los pequeños caminos olvidados.

(Vivo en la palabra real, univoca, unitaria, sin ningún juego de purismos;
entiendo la oscuridad y sus catástrofes y su alma ininteligible.
Lo único que me salva es no tener respuestas para el absoluto)…

Barataria, 03.XII.2016


LA PALABRA
Pablo Neruda

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Nota.- De “Confieso que he vivido”, Buenos Aires, Losada, 1974.


Plagiando a Borges.
Francisco Antonio Ruiz Caballero

El Espejo de Tinta. (Homenaje a Jorge Luis Borges, léanlo, es un autor soberbio).

I.
Abu Kir tiene el hacha donde la luna se desliza como una bailarina sobre el hielo. Sus robustos hombros y brazos sostienen el hacha, cuyo filo, tan afilado como la lengua de una víbora, pide el pescuezo de doscientos mil gallos, si un molusco, caracol o babosa, se paseara sobre el filo de la cuchilla la bisectriz de un triángulo isósceles roto descompondría la luz en sus siete facetas y aún una más, una faceta negra, como de brea licuada, surgiría manchando el plumaje de los pavos reales. Abu kir tiene el hacha del verdugo y a una sola orden de Yacub el sándalo llenaría diez mil vasos con su perfume. Hay en el hacha, prima lejana de los cuchillos, la apetencia demoníaca de los cuellos de cisne. Y es más frío el acero terrible que el Enero salvaje en su plumaje de nieve. A los pies de Abu kir espera Ibrahim, maniatado y preso, de rodillas, genuflexo, una gota de sudor como una lágrima pequeña se desliza por su frente. Es Ibrahim un muchacho tan hermoso, que la noche se refleja en él como un caballo en el agua. Y el caballo tiembla por el hacha que espera con el miedo atroz de la tinta china. No ha de pasar ni un minuto entre la espera y el acto, y en ese minuto Ibrahim verá su vida como un carnaval que termina en la uña de un gato. Yacub pedirá la inmolación de un ciervo, y Abu kir, obediente, le dará una cabeza. Un manantial de sangre brotará de la noche, Ibrahim perderá el examen de álgebra.


REFUNDACION DEL OTRO INVIERNO
F.S.R.Banda, mismo

En memoria (siempre viva) de S. del C.

“Sólo quiero el grito que destroce la garganta, deje en el paladar sabor de entraña y calcine los labios proficientes”. El Sueño de las Escalinatas. Jorge Zalamea Borda, 1964.

Todo vuelve y permanece pero ya nada será igual. Ella fue ave sobre el techo de zinc ahí por el lado del ciruelo, o abeja ajetreando en su jardín florecido y la pequeña chacra que rememoraba perdidas comarcas de su infancia, fue el pan diario que salía de sus manos como crujientes bendiciones, y el sonido rítmico de la maquina de coser, o el misterioso silencio con que habitaba los días de lluvia esperando que escampara. Que de pájaros dejó por los duraznos y la madreselva, o los humos enrojecidos de atardecer que se vienen como adentrándose en la noche desde su rumbo dormido allá por el sur del tranque y el velero niño cuyo velamen aprendió el viento en la ternura madre de sus manos como una blanca mariposa mágica. Se fue yendo de a poco, a pasos lentos, como no queriendo, primero el jardín se fue borrando de dalias y nardos, luego el ciruelo se perdió en las memorias del estío, después fue el pan y el brasero, hasta que se cansó esa noche y se voló calladita con su queltehue. Quien vio la palabra destrozada, los altos muros antiguos, la puerta blanca apoyada en un poste, supo de ríos aciagos, de negaciones, de calles / paisajes / rompientes. Quien vio el azul agonizando esparció cenizas de aviario, gránulos de pesebrera / holladuras. Quien vio a la madre preñada de él mismo esperando las luces de sus ojos, las manos pequeñas apretando, el llanto niño por las tardes del jardín, hundió en carne viva la espina y la sal. Quien vio el secreto en podredumbre en el charco enlarvado e hirviendo es que abrió una puerta blanca, negó la palabra destrozada y se ha ganado su rincón en el Infierno (i). Volverán en auge los soles indolentes, el canto del miedo, lo nebuloso y lo turbio, lo oscuro o tenebroso, la surgencia de las aguas malas en las orillas de destierro, en la negras arenas donde las huellas de pisadas relumbran por los reflejos dorados de un lejano sol inmenso que se hunde vencido en su poniente, en las arcillas donde las algas mustias yacen como la escritura secreta de los arcanos vencidos. Por todo esto y más, (quizás todo un territorio inconmensurable y un infinito tiempo irrecuperable que existen en su nombre), que no es posible describir en un idioma que no posee las palabras necesarias a tanta pena, es que dejó de herencia su ausencia insoportable. No volverá nunca más para que la sigamos buscando para siempre.

(i) “Aquel que vio”. Del poemario Raíces en Arenas Negras, F. S. R. Banda, 2006.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.



Revista PARADOXAS N° 228
3 de febrero de 2017