sábado, 1 de julio de 2017

PARADOXAS N° 234

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 234


INDICE

INEXPLICABLE - Ivonne Concha Alarcón
DE LA PALOMA MARINA - Ivonne Concha Alarcón
¡HOLA…JIM! ¿HASTA DÓNDE EN ESTA CARRETERA?... - Rosana Bustamante Gamboa
NO SEA MALICIOSO, ESPERANDO ESAS FOTOGRAFÍAS… - Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa
PECES - María Itza
Tributo a Marta y Fresia- Francisco Townsend
Otoño - Francisco Townsend
ESTADO FÓSIL - Andre Cruchaga
"La Ciudad" - Gonzalo Millán
LA GRAN TRIBULACION (Segunda versión) - F.S.R.Banda


EDITORIAL

“Sabía que el valor de la crítica radica en visibilizar autores a través de interpretaciones, no en destruirlos. Por lo mismo, nunca era predecible en sus juicios, ya que no buscaba el bien o el mal, o lo bello y lo feo. Esas categorías la aburrían. Sontag investigaba en las obras hasta tocar el fondo de éstas, su zona animal.
La pasiones intelectuales y físicas eran para Sontag un desagravió ante la muerte. Profundizó en lo radical para revelar “la diferencia” y lo innombrable. Constató de manera ejemplar que la libertad individual extrema no está reñida con el compromiso político. Y que nada es más revolucionario que el deseo.”

Pirateado de ‘Susan Sontag y el deseo revolucionario’, Matías Rivas, en La Tercera, Sábado 24 de junio de 2017. Vale.

El Editor


INEXPLICABLE
Ivonne Concha Alarcón

Inexplicable, rodó y rodó la ilusión, apagó su voz apacible entre murmullos áridos y secos.  La risa afloró dentro, la alegría floreció rosas camino entre el césped verde, los blancos sobresalieron entre los rojos soberbios. Aparecieron los moscardones intrépidos rayando los espejos silenciosos con tinta transparentes, las luciérnagas sorprendidas huyen por los tejados de pétalos amarillos, el agua del rocío sonríe mientras se esconde entre las piedras grises. Vuelan raudas las mariposas albicelestes huyendo despavoridas entre las calles desiertas. Suspicaz aparece el grillo corriendo por el entretecho y las madreselvas.


DE LA PALOMA MARINA
Ivonne Concha Alarcón

Converge la paloma buchona; color rosada, granadina, negra, y la de raros bayos, hacia sí misma como ostra bivalva cóncava cerrada rebelde protegiendo a su perla blanca pura nacarada, se asoma y va sacando la tristeza entrampada de entre su plumaje, esculpida, macheteada, sufrida posándose sobre el agua celeste salada, va saltando sobre sí misma como los ávidos azules delfines, ellas se distraen cantando, silbando, volando, caminando sobre la calmada mar y sus turbulencias, movimientos, ritmos danzantes y altos saltos, ondulantes, grandes como las ballenas que surcan los océanos azules exhalando sus suspiros melancólicos, desahogando sus lamentos de soledad callada aun encontrándose en multitudes de otras soledades desamparadas similares… Vientos alisios mueven las nubes de norte a sur… pasan las horas, la mar tranquila juguetea con las estrellas que titilan en el cielo azul profundo…


¡HOLA… JIM! ¿HASTA DÓNDE EN ESTA CARRETERA?...
Rosana Bustamante Gamboa

A la velocidad de los pájaros en picada/ sobre el acantilado que nos rebalsa/ y erotiza nuestras ropas de asfalto/ tejidas en una indígena aldea donde confabulamos/ contra aquellos que no comprenden esta guardia/ y ese baile nuestro, sobre las letras de nácar/ la sed de beber los sismos de este viaje/ dónde tú y yo conducimos una cordillera año ´67/ cuando yo nacía en tu vertiginoso pecho/ de poeta que bebe fuegos y los escupe/ sobre un escenario donde duermes/ la siesta, de dos a cuatro de la tarde/ y me susurras para que te cubra el dorso/ con endecasílabos movimientos de cadera/ y una que otra caricia sobre tu palabra/ ¡que hasta ahora lleva la ventaja…Jim!/ y espera en la australidad donde somos habitantes/ donde tomas mi mano como a una pequeña niña/ que te lee los cabellos y esos códigos/ que dejaste, nítidos, en el aire de las ondas radiales/ para que yo los encuentre y los bese.


NO SEA MALICIOSO, ESPERANDO ESAS FOTOGRAFÍAS…
Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa

que Brigit se tomó una mañana de viernes santo
donde la jugosa pierna tiene el violeta de la mañana
y ese collar de perlas sobre el descubierto pecho
en su exuberancia de diosa que cumplió las penitencias
más fatigantes y que dejaron a muchos con la boca abierta
y de doncella que muestra el hermoso vientre
cubierto de florecillas y un gracioso ombligo
en la simpleza de ser la mujer más linda de esa habitación
donde usted se imagina acariciando la mañana y a Brigit
que también sabe remontar esos lujuriosos océanos
donde ella pertenece, a las conchaperlas y las algas
donde ella es la hembra que nos enseña a bramar de placer
y el olvido de lo decentemente imaginable
¡reflejado todo eso! en unas fotografías que no compartirá
porque ella es la dueña del bendito destino de cada mujer
y ese papel couché que nadie sabe


PECES
María Itza

He dibujado cuatro peces de colores que nadan en un mar de cartulina y cartón corrugado, sus ojos miran alelados el espacioso Océano de papel con olas de hilos encerados pegados a sus bocas descoloridas y cansadas mientras una sirena lunática perfora anémonas de pasta para hacerse increíbles y latentes collares irisados y transparentes como papeles de celofán arrugado. Dos corales enredados dibujan arabescos sobre la arena - cartulina y una calavera de ojos vacíos y enfermos espía con sus cuencas absortas las tímidas mareas que mueren contra su descarnada boca, mis cuatro peces se derriten poco a poco al pie de un barquito de papel de diario mal plegado y oscuro que navega cargando doncellas de cuentos y un solo príncipe sin piernas apoyado en su espada de latón oxidado y una marioneta de tela deshilada se mueve al son de una melodía triste y hueca como sus abiertos labios azules. Hay unas rosas de vidrio pintado en su jarro recortado de peluches antiguos y deformados retazos de prendas que semejan monigotes aluvionales flotando en sus propios detritus y una última ola casi apocalíptica destruye mi mar secreto y se devora mis peces y su fondo desesperado y ya viejo antes casi de ser visto



Tributo a Marta y Fresia
Francisco Townsend

A Marta le sobro la vida y lo que le quedaba la devolvió a quien se la hubiera dado.
Le alcanzó para crecer, amar a su marido y a sus hijos, ver correr a sus nietos.
Arreglar todas sus cosas materiales y escoger su último momento
No creyó necesario pasar por tubos ni enfermeras
En un acto de amor no quiso sufrir delante de sus seres queridos
En acto de egoísmo los privo de tenerla otro tiempo con ellos
Dos segundos del cielo a la tierra de peso vivo a peso muerto
En su último acto de lucidez enfrentó la muerte cara a cara y en un salto la atrapó
Algunos dicen que es cobardía, a mi no me parece, pero si es así ya quisiera yo tenerla.
A Marta le sobro la vida y lo que quedaba lo devolvió, a quien se la hubiera dado.

A Fresia le faltó vida para seguir soñando para seguir volando
Le alcanzó igual para crecer, amar a sus maridos y a sus hijos, ver correr a sus nietos.
Descubrió quizás algo tarde la felicidad del sólo vivir.
Así que no hizo caso de todos los signos de dolores y tristezas
Solo tenía las ganas de seguir su vida pero, eso no importó.
A quien se la hubiera dado que igual se la quitó.
La muerte se la llevó de improviso sin que se diera cuenta
Sin dolores ni remordimientos la dejó haciendo su maleta
para seguir viviendo como si fuera inmortal.
A Fresia le faltó vida para seguir soñando para seguir volando


Otoño
Francisco Townsend

Un día cualquiera te despiertas sin abrir los ojos.
no es particularmente invierno ni verano ni una mañana fuera de lo común.
Te invade el miedo conviviente de algún tiempo que la vida que tenías para tí ya no existe
y tu no te mueves en la cama y sigues con los ojos cerrados.

Las voces femeninas que te llamaban en las tardes de verano
jugando a la pelota casi en lo oscuro, no las escuchas hace mucho tiempo.
Sus recuerdos mas recientes, reforzados ahora, son tus pasos lentos sobre la gravilla
que lleva por pimientos inmortales a lápidas aún sin nombre donde debe estar la tuya
y tu no te mueves en la cama y sigues con los ojos cerrado.

Que de las niñas con trenzas que correteabas alegre
en tardes de verano cuando regalabas sonrisas y robabas besos
no está contigo ni siquiera el recuerdo de sus figuras ni sus rostros.
Que tus hijos que llenaban la casa jugando en el cuarto de al lado
Dejaron silencio y  soledad y ya no meten bulla, ni tampoco los hijos de tus hijos
y tu no te mueves en la cama y sigues con los ojos cerrados

Que te das cuenta que la mitad de tus amores han muerto
y la otra mitad están pero en casas a la que ya casi no te invitan.
Que el aire ya no es el mismo, que no te alegra la luz del día.
Que tu cuerpo ya no soporta ni siquiera el alma que ya está vacía
y tu sigues en tu cama callado, sin hacer ruido escuchando el silencio
con los ojos cerrados porque no te atreves a abrirlos por temor a encontrar que
quizás ella también ya se ha ido y también su lado de la cama está vacío.

Junio 2017.


ESTADO FÓSIL
Andre Cruchaga

Encima de los barnices encaramelados la demasía de los tormentos los siempre disimulos y los andenes tratando de ocultar sus hemorragias los irremediables repellos de las paredes o el negro relieve de los gemidos: me estremece la desesperación de los juguetes y el candor de la quina y las cobijas queriendo desasirse del sudor y los ojos carcomidos de los retretes y la suerte de conocer tantas historias penosas y la indiferencia del pequeño mundo donde asilo mis confusiones siempre me cubre la rama de la angustia en estos días en los que mis pensamientos pasan al estado de fósiles: acuno por supuesto mis antinomias mientras deshabito la hoguera de mi tiempo mis encierros picoteados por la hoja de hollín de la historia (hoy ya no tocas a mi puerta ni me traes la luz del despeñadero ni la explosión del cráter para desollar o desclavar el calendario de la humanidad imperiosa del cadáver) a media asta la hostilidad del combate y ese río irrevocable de la indiferencia: me avergüenza el harapo agrio de mis palpitaciones la ardua pobreza de hijo pródigo es terrible el ala plomiza del plato vacío cuando veo la tierra deslizarse a través de la puerta del grito velar los goznes de la resistencia y no encontrar sino lo inagotable del vacío la liturgia de la salmuera y su incurable decrepitud: en los quicios de la demencia cuelgan relojes de desangrados perros y calles descarnadas en sus afueras en el reverso de mis incoherencias las palabras desmoronadas del cascajo y el ala de la esperma sobre el cartón salpicado de magulladuras —no puedo deshabitarme más y desandar mi espejo húmedo de tiempo en cada grieta hay un sol de ausencias opulentos adioses oscuros partos que me devuelven al tropezón de mis pensamientos nunca fueron fáciles entonces estas cuarenta sombras de la vendimia ni leer las sordas huellas de tus manos al pie de una trinchera de miedos: en la caída el polvo atroz del grito los siempre damnificados y los que mueren…

Barataria, 2017


"La Ciudad"
Gonzalo Millán

El río invierte el curso de su corriente
El agua de las cascadas sube
La gente empieza a caminar retrocediendo
Los caballos caminan hacia atrás
Los militares deshacen lo desfilado
Las balas salen de las carnes
Las balas entran en los cañones
Los oficiales enfundan sus pistolas
La corriente penetra por los enchufes
Los torturados dejan de agitarse
Los torturados cierran sus bocas
Los campos de concentración se vacían
Aparecen los desaparecidos
Los muertos salen de sus tumbas
Los aviones vuelan hacia atrás
Los Rockets suben hacia los aviones
Allende dispara
Las llamas se apagan
Se saca el casco
La Moneda se reconstituye íntegra
Su cráneo se recompone
Sale a un balcón
Allende retrocede hasta Tomás Moro
Los detenidos salen de espaldas de los estadios
11 de septiembre
Las fuerzas armadas respetan la Constitución
Los militares vuelven a sus cuarteles
Renace Neruda
Víctor Jara toca la guitarra, canta
Los obreros desfilan cantando “venceremos”


LA GRAN TRIBULACION (Segunda versión)
F.S.R.Banda

Vindicación de Yocasta

[Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer vestía ropas de púrpura y escarlata, y resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano una copa de oro llena de abominaciones, que eran las impurezas de la inmundicia de su fornicación y la lujuria de la tierra entera. Apocalipsis 17:3-4]

...pero no me importó porque el púrpura y el escarlata de sus vestidos encendían aun más los fulgores carnales de sus pecados y yo pecador perdido sin perdón para siempre lo único que deseaba era hundirme y beber, beber y ahogarme en el cáliz de oro lleno de su sangre y su saliva y sus fluidos hirvientes y sus aguas de perdición, y vi el nacarado tierno de su cuerpo vestido solo con oro y piedras preciosas y perlas, y ella ebria de la vida que se toca y que duele, me llamaba, me atraía hacia un túnel sagrado, y no me importó, porque la anilina de sus ojos me envolvía en el tul de su piel perfumada, ardiente y cercana, y fui más ciego al mal que enemigo del bien, y fui sordo a la voz del cielo de mentira, y a los votos de abstinencia de monje adusto y consagrado, así sumergido al fin en ese liquido primordial de sangre, leche, saliva, sudores y lagrimas y orines y licores sexuales, esas aguas vivas que me llevaron la vida buscándolas para aplacar mi sed de ser parte del Todo que me prometieron en el Paraíso,  y sentí que mi cuerpo inmerso en la tierna turbiedad de ese vino voluptuoso se iba involucionando sobre si, curvando sin dolor ni conciencia, mis piernas se encogían con las rodillas al pecho y las manos en oración hacia el rostro, bajando la cerviz y cerrando los ojos, y supe que en ese cenote tibio y urgente, lleno de los aceites y brebajes de la Gran Ramera que no eran el vinagre fétido de todos mis pecados, no, yo no estaba muriendo sino volviendo al origen materno, entendí que esa cálida densidad animal era en verdad sus íntimos caldos uterinos, que estaba de regreso al único lugar donde el Universo tenia sentido, y asombrado intuí que era el fin de la búsqueda, del camino, y del Tiempo. Y fue esa mi revelación. Creo recordar que con el pavor desesperado de los que alcanzan a ver la Luz, quise borrar con el codo los oscuros escritos que me habían llevado a ese divino dzonot, pero comprendí que ya era tarde para todo. Y ahora estoy cerrando otra vez los ojos y dejándome morir para apurar el goce de los últimos estímulos vitales de estas las aguas sagradas de Babilonia la Grande…

[Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto. Apocalipsis 18:6-7]

Nota.- Primera versión en PARADOXAS N°43, diciembre 2004.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 234
1° de Julio de 2017



jueves, 1 de junio de 2017

PARADOXAS N° 233

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 233


INDICE

Fundamentos: "Arte de la Intención" - Diamela Eltit
A la misteriosa - Robert Desnos
Dibujo un fauno - Maria Itza
La trasminación de lo rulfiano - Úrsula Fuentesberain
Un laberinto de palabras - Guillermina Covarrubias
SON TAN DISTINTAS TODAS LAS LLUVIAS QUE CONOZCO - Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa
EN ESTE PAÍS LOS MUERTOS SE SIENTAN A COMER CON NOSOTROS... - Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa
LOZANAS ACTRICES ITALIANAS - Rosana Bustamante Gamboa
EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS... - Enriqueta Coüepel / F.S.R.Banda


EDITORIAL

“La literatura es un arte del tatuaje: inscribe, cifra en la masa amorfa del lenguaje los verdaderos signos de la significación”

En ‘Escrito sobre un cuerpo’, de Severo Sarduy, 1968. Vale.

El Editor


Fundamentos: "Arte de la Intención"
Diamela Eltit

Desde los prostíbulos más viles, sórdidos y desamparados de Chile, yo nombro a mi arte como arte de la intención. Yo pido para ellos la permanente iluminación: el desvarío. Digo que no serán excedentes, que no serán más lacras, digo que relucientes serán conventos más espirituales aún. Porque son más puros que las oficinas públicas, más inocentes que los programas de gobierno más límpidos. Porque sus casas son hoy la plusvalía del sistema: su suma dignidad. Y ellos definitivamente marginados, entregan sus cuerpos precarios consumidos a cambio de algún dinero para alimentarse. Y sus hijos crecen en esos lupanares. Pero es nuestra intención que esas calles se abran algún día y bajo los rayos del sol se baile y se cante y que sus cinturas sean apresadas sin violencia en la danza, y que sus hijos copen los colegios y las universidades: que tengan el don del sueño nocturno. Insisto que ellos ya pagaron por todo lo que hicieron travestistas, prostitutas mis iguales.


A la misteriosa
Robert Desnos (i)

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad. ¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero? Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo. Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años seguramente me transformaré en sombra. Oh balances sentimentales. Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre. Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

(i) Robert Desnos (París, 4 de julio de 1900 - Campo de concentración de Theresienstadt, 8 de junio de 1945) fue un poeta surrealista francés y un miembro de la Resistencia francesa durante la segunda guerra mundial.


Dibujo un fauno
Maria Itza

Eres mi magia secreta, mi fauno de arena y guijarros con alas de mariposas ciegas incrustadas sobre tu piel, resbalas sobre mi cuerpo de crisálida oscura y tu espada de nácar se eleva para abrir la puerta de mi paraíso perdido mientras te pinto el tórax con  dedos de fuego y bailas una ronda borracha entre los anillos de Saturno, mil elfos de mirada turbia y manos de jade y pedrería abren tu corazón y lo convierten en barrilete de colores sobre la abrupta superficie de un mar de fuego y lava derretida que convierte papeles de colores en cenizas de un curioso tono violeta y yo uso esas cenizas para dibujarte sobre la piel tatuada de las estrellas vagabundas donde moran los sueños tatuados en las noches de luna llena y lobizones. Así vas surgiendo poco a poco y decoro tu sonrisa eróticas con claveles rojos como fuego y lágrimas de sal que se evaporan sobre los pétalos ya mustios mientras tu boca se bebe mis pensamientos y crea con ellos un circo de colorines con enanos que reptan a mis pies y payasos de tez encerada que me hacen reverencias y terminan dibujando conmigo el resto de tu cuerpo que ya se pega al mío como una rémora cansada pero ardiente y yo canto un himno desatado y loco a tu memoria...


La trasminación de lo rulfiano
Úrsula Fuentesberain

Escribí este texto para el suplemento cultural “Laberinto” del diario Milenio:

Lo había olvidado, pero ahora que lo releo y me reencuentro con sus arrayanes agrios, con sus malasmujeres, con su polvo que no da ninguna sombra, con sus murmullos, recuerdo: lo rulfiano se trasmina.

Escucho a Macario y pienso en Camilo, el protagonista de uno de mis cuentos, un hombre al que la gente de su pueblo llama loco sólo porque lee las nubes. Veo los pechitos de Tacha hinchándose a la par del río crecido y me acuerdo de que una madre dice esto de su hija en uno de mis relatos: “Su cuerpo de niña parece una membrana lista para la metamorfosis. Temo que se convierta en algo parecido a mí”.

“Para sacarle provecho a Rulfo hay que escarbar mucho, como para buscar la raíz del chinchayote. Rulfo no crece hacia arriba sino hacia adentro”, escribe Poniatowska y me obliga a preguntarme qué forma tienen las mujeres rulfianas. Son las dulcamaras que cubren el llano (dulcis ‘dulce’ y amāra ‘amarga’), hojas pecioladas, acorazonadas, agudas, flores pequeñas, violadas, en ramilletes.

Apalcuachar, totochilo, chilcatole, chacamotear. El lenguaje rulfiano tintinea en mi cabeza igual que las cosas pensadas en sueños. “El idioma de lo inefable” lo llamó él. Además de inventar un habla inventó un país. Un páramo que arde. Un territorio huérfano.

Rulfo está muerto. Murió ayer, es decir, hace tres décadas, es decir, hace unas cuantas horas. Los gusanos se comieron su carne vuelta hediondez y la hediondez se ha vuelto vida, un filón de vida. Y florece. Aflora entre las piedras desmoronadas.


Un laberinto de palabras
Guillermina Covarrubias

La noche de amante poeta, en la sima de su sonrisa con ese sabor sabroso, tendida de espaldas y llenos de flores los senos.
La cabeza barbotea, un huracán, un monstruo gimiendo turbado de espantos en un trípode de huesos, cubierto de blasfemias el papel cuchichea, con guiños y señas, el lápiz como un verdugo ejecuta, ahí donde las arañas hacen laberintos con hilos de plata, entrelazan aullantes en dulces miradas las curvas huecas en mis dedos y las pupilas en el confín del universo, pisando el césped, el corazón... el corazón lleno de rosas naufraga así un barco de papel y la garganta se levanta fugaz así el cuello del cisne negro.
Son gusanos de seda serpentean, me acarician el alma entonces son montañas no puedo evitarlas, porque están en los pliegues de mi pulso conjugando el verbo amar, en el tictac de todos los tiempos.


SON TAN DISTINTAS TODAS LAS LLUVIAS QUE CONOZCO
Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa

hay lluvias que cantan en los tejados... amablemente de noche y hasta la madrugada... otras que mojan a los transeúntes... cuando regresan cansados y a la barriada... otras lluvias caen suavemente sobre los bosques... y los árboles besan las gotas con sus complacientes cloroplastos... abiertos y dispuestos a unirse con la llovizna aquella... otras lluvias caen por las quebradas... y se llevan todo aquello, que no pidió permiso... a su cause y a sus riberas... los perros ladran de miedo en su torrente... hay una lluvia que mojan el rostro de mercedes... y ella como niña, abre la boca ante las gotas... y con su lengua de mariposa bebe su belleza... también hay una lluvia que se viene a mi casa... torrencialmente a tomar el té y no golpea la puerta... sólo trae el infinito destino de una humedad... que se queda treinta años con nosotros... la incertidumbre de no dormir por las noches, aguardando... a zapatos que con nada se secan... y que la lluvia quiere, yo conserve como trofeo… de una vida esperando... esa intermitente precipitación sobre la cabeza.


EN ESTE PAÍS LOS MUERTOS SE SIENTAN A COMER CON NOSOTROS...
Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa

y opinan sobre sus sepelios, dan instrucciones al respecto.. (como cargarlos, que música escuchar, donde velarlos)... leen los periódicos y corrigen los titulares... a veces van del brazo y nos indican direcciones... donde podemos beber café y conversar de política... ellos no parten en definitiva, porque golpean a la puerta... piden ocupar esas sillas que sobran en el recibidor de la casa... o los platos que nadie usa en la lacena, los cubiertos de plaque... son unos pillos porque dejan de pagar impuestos... y tenemos que cargar con sus acreedores, sus no pertenencias... y hasta con sus gatos o perros que nos miran con pena... defendemos sus ideas y posturas, a veces equivocadas... de la vida y como resolver los problemas... francisco y luis emilio, los retan para que se vayan a dormir en paz... pero nuestros muertos son porfiados y negligentes consigo mismos... no les preocupa resfriarse y andar desnudos por los patios... apenas comen y no se peinan antes de conversar con nosotros... tal vez porque nunca aclaramos que sería la muerte... tal vez porque nunca les dijimos antes de partir... que “el que muere, muere y no tiene derecho a opinar”... o que “el que se va al cementerio, en el cementerio se queda”... tal vez, porque después de todo, nuestros muertos... sean la única compañía evidente, que nos queda.


LOZANAS ACTRICES ITALIANAS
Rosana Bustamante Gamboa

Soy esa muchacha de la plaza... desaparecida en octubre una tarde/ por disímiles razones, que no vale la pena mencionar/ ni contar por correo, a las malas lenguas que me vieron/ partir en medio de la lluvia y un oficial que nunca me quiso./ Meretriz del pueblo desde una sórdida niñez/ y que Benito, el muchacho aquel/ no quiere recordar, ni por casualidad/ más bien se ha dedicado desde entonces/ a observar el Viaducto de Malleco/ escribir su simetría en las hojas de un nogal/ bautizar a los pájaros mirlo que anidan en su patio/ responder a regañadientes, a quienes preguntan y nos vieron/ decir que él apenas tomaba mi mano en aquel lugar/ porque su propia juventud, lo engañó cuando decidió amarme/ ¡que mi nombre yace extraviado entre tanto recuerdo!/ de LOZANAS ACTRICES ITALIANAS que vienen a visitarlo/ y esa corona de erudito que le queda tan bien/ mientras yo he envejecido y desvanezco/ entre tanto hiato que no puedo comprender.


TEXTO EN PROGRESO (TRES BORRADORES)

EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS...
Versión original de Enriqueta Coüepel / F.S.R.Banda

Rodríguez Manuel, no ve la lluvia venir... se resiste a dejar escapar, ese acento… mientras ella en su cesto de deseos, agita el vestido y le mira, él sabe que ella sabe de las magnolias que trae escondidas bajo el poncho, que el perfume de primavera atrapada lo delata... y así transcurre la tarde, cuando Manuel se deja escapar… sin un solo ruido, perseguido por el silencio de la tarde en la plaza de provincia donde vio sus ojos bajo la lluvia que venía… temblando, sin comprender… la ausencia de grillos en los entrantes de la noche o de mariposas nocturnas en los ramilletes de geranios... porque finalmente, nada está fuera de esa desnudez, en medio del agua, en medio del temor a ser descubiertos. Y del miedo mayor de perderla, sin llegar a saber su nombre ni domicilio conocido.


EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS...
Versión editada por Enriqueta Coüepel

Rodríguez Manuel, no ve la lluvia venir... se resiste a dejar escapar, ese acento… mientras ella en su delantal de deseos, agita su cabellera y le mira. Él sabe de las magnolias, escondidas bajo el poncho… el perfume de primavera atrapado que le delata... y así transcurre la tarde, cuando Manuel se deja ir… sin ruidos, perseguido por ese silencio de la tarde, en esa plaza de provincia… donde vio los negros ojos bajo la lluvia… temblando, sin comprender… la ausencia de grillos en los entrantes de la noche… o de nocturnas mariposas en los ramilletes de geranios... porque finalmente, nada está fuera de esa mutua desnudez, en medio del agua… en medio del temor a ser descubiertos y del miedo mayor a perderla… sin saber su nombre ni domicilio conocido.


EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS...
Versión editada por F.S.R.Banda

Rodríguez Manuel, no ve la lluvia venir... se resiste a dejar escapar, ese acento… mientras ella en su cesto de deseos, agita el vestido y le mira, él sabe que ella sabe de las magnolias que trae escondidas bajo el poncho, que el perfume de primavera atrapada lo delata... y así transcurre la tarde, cuando Manuel se deja escapar… sin un solo ruido, perseguido por el silencio de la tarde en la plaza de provincia donde vio sus ojos bajo la lluvia que venía… temblando, sin comprender… la ausencia de grillos en los entrantes de la noche o de mariposas nocturnas en los maceteros de geranios... porque finalmente, nada está fuera de esa desnudez, en medio del agua, en medio del temor a ser descubiertos, en medio del miedo mayor de perderla sin llegar a saber su nombre ni domicilio conocido.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 233
1° de Junio de 2017


martes, 2 de mayo de 2017

PARADOXAS N° 232

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 232


INDICE

LAS PIEDRAS DE LAS TRISTEZAS - Ivonne Concha Alarcón
ES AUSENCIA - Ivonne Díaz.
SÉ QUE TE AMO A TI, MUJER – SUSURRA EN UN AQUÍ, ROQUE DALTON – Rosana Bustamante Gamboa
ELLA ERA LINDA, COMPADRE Y NO LE TENÍA MIEDO A LOS TEMBLORES... - Rosana Bustamante Gamboa
LA DUEÑA DE MI MANO - Rosana Bustamante Gamboa
PORQUE ERES TÚ... - Marisol C.
PÁJAROS LEJANOS - André Cruchaga
LA ESQUIVA MARIPOSA - F.S.R.Banda
VESTIGIOS (Primer borrador) - F.S.R.Banda


EDITORIAL

Tantos catálogos sobre las mesas de los bares de la capital, olvidados o dejados a propósito para despejar las manos y el cuerpo para seguir bebiendo y bailando.
"Fervor de Buenos Aires" apareció en 1923. Ya publicado, Borges no supo cómo distribuirlo. Ideó un sistema, sin embargo; iba a las reuniones literarias y, cuando se retiraba, deslizaba con disimulo un ejemplar en el bolsillo de los abrigos solitarios colgados del perchero.
El mismo favor le pidió a Alfredo Bianchi, uno de los directores de la revista Nosotros. A Bianchi, hombre serio y cuarentón, la propuesta lo asombró y luego, divertido, aceptó su papel de distribuidor bolsillero ad honórem. El libro gustó y sigue gustando porque Buenos Aires, a través de Borges, es tan "eterna como el agua y el aire".

Pirateado de un articulo de María Esther Vázquez publicado en el periódico La Nación, de Argentina, quizás cuando… Vale.

El Editor


SUEÑO
Ivonne Concha Alarcón

Castillo azul y blanco, carruajes de vieja madera, caballos de arrastre, flores irisadas dibujadas en absurdas perversas cortinas rojas camufladas de invierno solitario, arpegios, encaprichados de sonidos cínicos de más a menos, de menos a más, escala de sol desafinada, sonrisas verdes musgo húmedo, caricias aventajadas de sorpresas de cartón piedra que se golpea una y otra vez en los cimientos oscuros de la lejana cordura perdida en la caballeriza del patio pedido entre el pasto y la flores del antiguo jardín de rosas y sus espinas pecaminosas de ayeres extraviados…


LAS PIEDRAS DE LAS TRISTEZAS
Ivonne Concha Alarcón

Caen recuerdos resbalándose por las pendientes del olvido, llueven inmensidades clandestinas reflejo fiel de viejas piedras cenicientas pulidas de nostalgias que laceran los insectarios secos de reminiscencias en obsidiana despulida. Frente al viejo y desprolijo reloj de arena se detiene la aurora fría desamparada ante el tiempo nostálgico desvestido de vendimias ya ocurridas. Del recuerdo escarchado caen los silencios que gritan recuerdos de rosas desteñidos de sus primeros dibujos de niña que empujaba el carro que inducía a caminar entre piedras puntiagudas que laceraban los desamparos de la injusta tarde de sueños perdidos en el ancho camino, donde se extraviaron poco a poco los sueños que concluyeron solo en oscuras pesadillas… Dónde se extraviaron las verdades, dónde duermen las risas olvidadas, dónde están los amores filiales, hoy solo paralelas que se tropiezan con el infinito puro, frío, distante…


ES AUSENCIA
Ivonne Díaz

Noche de lluvia navega mi sueño de sol por los pasajes cuando una flor esconde sus pétalos y yo conjugo mi armonía de estar viva contemplando mis zapatos de charol que nunca uso entonces viene esto de extrañarte tanto no sé si la distancia tiene que ver con las agujas de un reloj pienso y me duermo contemplando tu fotografía que ilumina mi celular en un pestañeo de luz y dice tiene poca memoria.


SÉ QUE TE AMO A TI, MUJER – SUSURRA EN UN AQUÍ, ROQUE DALTON –
Rosana Bustamante Gamboa

porque no temes mostrar tus heridas a medio día y en las noches...tras ese cristal donde tus manos descansan, saludan... y ese pliegue, que te trajo la guerra... sobre el silencioso abdomen, donde me dibujo... y escribo nuestros nombres en un corazón... porque tú visitas la tumba de mi madre en El Salvador... y le lees aquellos poemas que no pude escribirle... porque tú, compañera, cantas y bailas conmigo... en este refugio que me dio la muerte y a pesar de ello... duermes conmigo en tu lecho de diminuta mujer... que construye puentes para los pájaros... y alimenta, esos libros que juegan en los patios... cerca del desierto donde camino hasta llegar al límite... ahí, cuando los dos océanos que bañan este continente me ven llegar... y tú te revelas contra el mundo, sola y desnuda... me llevas de la mano y también me besas... a mis palabras que ahora son para ti, amor.


ELLA ERA LINDA, COMPADRE Y NO LE TENÍA MIEDO A LOS TEMBLORES...
Rosana Bustamante Gamboa

cuando traía mermeladas de duraznos... en medio de la noche a cientos de kilómetros de su patria... sin preguntar nada, se entregaba a esta pobreza...donde solía contarle mis historias de pistolero sin oeste... de frustrado relator de partidos de fútbol... y perros que me abandonaron por otro plato de comida.
ella era linda y tenue su figura...sin miedo a aquellos mancos ángeles que le envío el destino... y hacía sonar sus tacones y el acordeón con aquellas melodías...cuando respiraba quince minutos a mi lado...y después bebía ese agrio café, que yo a penas me conseguía.
¡ella era linda, amigo! de día y esa mañana...cuando se levantó de mi lado, en esta soledad... que tiene mi raído cuerpo de macho en derrumbe...que apenas comprende los silencio que ella vestía...y de muchacha que decidió un día abandonarme...sin miedo a los guijarros y esos sismos que encontró en el camino.


LA DUEÑA DE MI MANO
Rosana Bustamante Gamboa

te reclamo mujer… como aquella que irrumpió en mi silencio… y en esta vida que daba sólo vueltas… en un ir y venir al trabajo… mirar la televisión, leer los diarios… a veces observar los atardeceres… preguntándome si de verdad, existías en alguna parte… si te encontraría bajo los almendros.

y te imaginaba venir, con ese traslúcido vestido de hoy… con tus obtusas ideas en el entrecejo… aquella boca que tiene el color de las maduras cerezas… y aquí estás, dormida entre los escaños… cansada de alimentar pájaros y una plaza de libros… sin verme, sin saber de mí… quien en este instante, doy aviso público… te corona como la dueña de mi mano… que tiembla sólo con pensarte.


PORQUE ERES TÚ...
Marisol C.

Y porque tu barca de palabras me inunda el alma, entre los labios te respiro alma mía, circundando este espacio de gaviotas que revuelan mientras te espero y desespero, quisiera me atraparas. Como una red llena de peces alborotar tus sentidos, ven acércate, que tus pasos sean las huellas que nos unen en la arena, que tu tiempo sean las agujas en mi reloj. Ya no detengas el reencuentro libérate, quiero estar amor mío sobre tu pecho aunando los latidos. Te vuelves sin fin en mi alma, ¡vuelve a mi destino! que las sombras huyan con el amanecer. Mientras la vida te cuenta historias y tus ojos deambulan en el nocturno en busca de mi esencia, te espero furtiva!!!, colgada de la luna...


PÁJAROS LEJANOS
André Cruchaga

Aquellos pájaros primeros que incendiaron mi alma, tímidos tanteos
hacia la rama que nada tiene con la sombra.
Juega el tiempo en las aguas que imagino, en el ala que sostiene sueños.
A veces me vienen pedazos de aroma de las campánulas.
Pájaros lejanos, acaso como la lluvia que llega golpeando mis pupilas.
Acaso como un incendio del que ya no tiene control el alba,
sino el galope vencido de la brasa.

(Ya sólo me queda la memoria y la voz cansada y algunos amarillos clavados
en mi piel, y mis zapatos que compensan ala y trenes.)

Cada vez las distancias se tornan más lejanas, un trapo de ojeras
en los párpados y encima los ásperos días del calendario.
Ya casi hemos dejado también las palabras, para sopesar el sonido quemado
del polvo, y el jadeo húmedo de la carpintería de los cuerpos.
Los desvelos son interminables: allí, sin embargo, los relámpagos del sexo,
y su casa de aroma que me habla de la sustancia quebrada del paraíso.

(En la desmesura, claro, gotea todo el rocío, líquidos los alientos.
A veces entristecidos como el yo en el vacío, como el búho y sus dominios.
Sobre la lejanía, los pensamientos erráticos sin ninguna audiencia.
Todo se aleja tal los ojos sordos del absurdo y los cementerios.
Suspiro y aprieto mis demonios.
Camino oscuro y con la salmuera rota de todos los agujeros de mi sombra.
Respiro mientras me golpean los últimos recuerdos.)

Barataria, 2017


LA ESQUIVA MARIPOSA
F.S.R.Banda

Fue instantánea, fugaz como un relámpago, dejó el verbo titilando detrás de su imagen en una estela que fue aguas, olajes, espumas, y también una bandada de pájaros huyendo. Definió sus territorios con una mirada altiva y distante, dueña del horizonte. De ella surgieron lejanos simulacros de voces y de silencios. Poseía en la magia de sus ojos los códigos de los vestigios que dejaban las piedras cardioides, los troncos carcomidos por los años, los dibujos de las nubes y las flores en su íntima cercanía. Fue distinta, súbita e imprevista.

Nota.- Prosa en noventa y una palabras, a la manera de “La Cálida Entraña” de Juan David Porras Santana (1955-2016). (PARADOXAS N° 225, Octubre de 2016)


VESTIGIOS (Primer borrador)
F.S.R.Banda

Y pensar que todo esto; bosques, río, pájaros, atardeceres, frías madrugadas brumosas, peces, flores, mariposas, pequeñas piedras, seguirá existiendo más allá de tu nombre y de mis cenizas, que no habrá día que no amanezca a pesar de nuestras ausencias. Que todos los sonidos recuperarán tu voz y yo no estaré para reconocerla o devolverla como un eco escondido en las otras piedras más antiguas. Pero sé que siempre habrá alguien que vea el perfil de tu rostro en las nubes, en la corteza de un árbol, en las misteriosas piedras con forma de corazón, y sepa o intuya que tú existías cuando yo escribí estas palabras pensándote inmerso en la brumosa nostalgia inicial de este día.

Estero Yerbas Buenas, 16 abril 2017



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 232
2 de Mayo de 2017

martes, 4 de abril de 2017

PARADOXAS N° 231

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 231


INDICE

¡se siente sola, cuando está con usted! - Rosana Bustamante Gamboa
GRACIAS UNIVERSIDAD POR REGALARME LA MESURA - Rosana Bustamante Gamboa
Resucitándome - Ivonne Concha Alarcón
CARCOMA DEL SONAMBULISMO - André Cruchaga
VASTO PARPADEO - André Cruchaga
Cocuyo (fragmento) - Severo Sarduy
Farabeuf (dos fragmentos) - Salvador Elizondo.
Carta a la dulce juventud - Pedro Lemebel
HUYO DE TU VOZ ENTRE LAS DALIAS - F.S.R.Banda


EDITORIAL

“Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos.”

De ‘El Nuevo Arte de Hacer Libros’, Ulises Carrión, publicado en "Second Thoughts", Void Distributors, Amsterdam, 1980. Vale.

El Editor


¡se siente sola, cuando está con usted!
Rosana Bustamante Gamboa

PORQUE SOFÍA LORENS RECUERDA, QUE OLVIDO DURANTE AÑOS AMARSE A SÍ MISMA
y esos besos con sabor a mermelada de quilvo
por las mañanas, cuando usted, despeinado e impreciso
sobre esa eléctrica guitarra, que manosea en “mi, menor”
y cuando hacen el amor sobre el tejado
en su habitación de padre carmelo, mientras
en el comedor suena ese cantante de boleros
recordando “los ardientes amores de una mujer”
y en un destartalado armario sin puertas
(herencia de una madre muerta en la dictadura
de un pueblo ¡donde nadie tuvo tiempo para ser muchachos!)
una maleta recién hecha con esa idea de dejarse ir
y una colorida enagua de la ropa americana
por otro lado, sofía lorens, quiere amarlo y lo logra a veces
cuando usted besa ese jardín de silvestres bayas, que ella posee
abierto exclusivamente para su persona, de martes a domingo
y donde intenta dormir sobre su pecho de maduro varón
hasta que recuerda los cien años que vivieron juntos
bebiendo café y bailando solos, en la vereda
y en una oscuridad que viene de la ventana
¡una oscuridad que se inventó cuando usted, jugaba a la rayuela!
y perdía apuesta por apuesta, porque nunca fue bueno
para los tiros libre, las predicciones, ni contar ovejas
y ella, ahí pensando ¡como ama la idea de poder amarle algún día!
que ha colgado unos escapularios con la virgen de lourdes
en la cabecera de la cama y en su oreja izquierda
para recordar este dilema y esperanzada
sobre la pelvis que se agita
y ese oculto deseo, que se ha desatado esta mañana.

Nota de la autora.- En la poesía moderna o vanguardista, se suele escribir todo el texto en minúscula, a veces sin comas ni puntos. En este caso todos los sustantivos propios se han escrito con minúscula, como una libertad de quien escribe, quien además escribe sólo el título en mayúsculas y lo integra al texto completo... es decir, se parte con un verso y el título viene después. Muy loco... sí... muy loco... pero para eso es la poesía, para soñar los mundos que aún no existen.


GRACIAS UNIVERSIDAD POR REGALARME LA MESURA
Rosana Bustamante Gamboa

que tiene el limonero de este patio
cuando pide el agua que escribo en las piedras
y por darme esta justicia donde vivo los martes y jueves
hablando de lagartijas con Mercedes y Enriqueta que son mis hermanas
porque los lunes y el resto de la semana
vivo en esta libertad que encontré en tus escaleras
donde duermo hasta las cinco de la mañana
para escuchar el abecedario de los pájaros
y cruzo puentes hasta su alma, que me piden sea su novia
gracias porque puedo elegir con quien converso
y leo las casas que ha construido en su alma-pensamiento
puedo caminar por sus habitaciones y susurrar
esas canciones que limpian los escombros
tomar de sus árboles la fruta sabrosa e invitar a comerla
mientras se piensa en los dinteles por construir
y porque estoy en medio de este pueblo
sin decir nada sino leyendo a las que partieron
sonriendo sus sonrisas para este continente, donde los gatos
decidieron quedarse conmigo y cerca de los almácigos donde trabajo
porque aquí es donde cambia el mundo
cuando una madre muerta me deja a cargo del timonel
en esta vida que pide al cielo ser cielo
y a la tierra las palabras que se tejen entre lianas
que albergan esta idea de la persona-humana en mi pecho.


Resucitándome
Ivonne Concha Alarcón

Bésame con la fuerza del imaginario deseo, deséame sin sosiego ni descanso, descansa entre mi piel y mi sueño, suéñame en la distancia ardiente desesperada, desespera mi noche con tu fuego y tus besos, besos rojos ardiendo entre leños secos, secas hojas que se las lleva el viento, viento que mece mi cabello, cabello besando el tuyo mientras tu mano me recorre la vida, vida que despierta mi invierno, invierno que naufraga entre la lluvia de tus besos, besos mordiendo la noche despertando mis sentidos que te anhelan, anhelos resucitándome… resucitándome.


CARCOMA DEL SONAMBULISMO
André Cruchaga

Hinchado de carcoma se insinúan los sonambulismos y su regocijo de grito.
Una carcajada desanda la piedra pómez de los caminos.

Siempre alrededor las alambradas del miedo y las sogas enrolladas
al cuello y la luna amarilla colgando de los párpados y los relinchos líquidos
del espejismo y los güishtes hurgando en los sentidos.

Trepan las campanas calladas de las telarañas, los pespuntes inválidos
del pellejo: cada cicatriz arrastra ciertas demencias, ese nosotros evasivo
del hollín en pequeños candiles de querosene.

Ante el prójimo envejecen las ropas según las paredes que nos ciegan
de adobes y bahareque, según la argamasa del grafiti que no cesa.

El dintel de la melancolía se nos muestra convulso, casi como una calle
atemporalada de pantalones solos y altares inenarrables.

Con todo y la aridez de los incendios, me vuelvo al precipicio del musgo
invisible quizá porque allí puedo andar descalzo.

—Todo tiene sentido cuando sangra el juelgo de la infancia.
Hay evidencia del amargor de los escotes y de las arrugas retorcidas
del parpadeo: azota el hosco gargajo de los rebaños y el tiempo mísero
entre los dientes. El atrio torcido de los brazos.

Sangran las rendijas de la respiración y la esquina divisada de los afueras.
Jamás la oscuridad deja de golpear como un metal compulsivo.
Empapado de calles no siento los ojos, ni el sarcasmo del cielo prometido.

(A ella siempre le digo que se aleje de mis pestañazos de locura,
o que guarde mi pálpito sin anteojos, en su ombligo)

Barataria, 14.II.2017


VASTO PARPADEO
André Cruchaga

Hacia los agujeros que se forman en la soga, el vasto parpadeo de los féretros,
los postreros pensamientos agregados al crepúsculo,
la sombra monótona e impasible de los cuerpos: el confín aprisiona los ojos
junto al agua de sal que presiden los suspiros.

Me zambullo en la amarilla almohada, rutilante de trenes.

Siempre es terrible divagar en el cuchicheo de algún pétalo extinguido;
alguien, de seguro, conserva todavía algún respiradero para los olvidos.
Alrededor de esos vastos golpes, cabecean los sepultureros del silencio,
mientras la niebla garabatea algún panegírico.

Son vastas las muertes colgadas en el aliento. Uno lleva en cierta forma,
pedacitos de tumbas en el costado,
noches de relámpagos desmoronándose, rasguños de algún infierno húmedo,
o simplemente abolladuras en los espejos.

Crujen las cartas y las tarjetas postales en su remolcada caligrafía.

Descienden, se desclavan los paraguas solemnes del tiempo: una puerta
rechina y agiganta mis laberintos, las solas palabras con llaves.
De vuelta a la página, el litoral remoto de pájaros, las calles abiertas al paladar,
los gritos gigantes de las ventanas.

—Espero aquí, después de todo, el sermón vertical de los pedernales.

Entre el ruido de un hueso y otro, la hojarasca de los fuegos inaudibles.
Allí, cerca del suelo, la piel y su ahuecado paraguas, los baldíos de la noche.
Nunca hay certeza para saber cuánto crece la sed…

Barataria, 2017


Cocuyo (fragmento)
Severo Sarduy

Para mí que sintió la mirada de las tías acribillándolo desde las trincheras de los ojos, el espejeo cegante de las sedas, como fogonazos plateados, el índice anillado como amatistas relumbronas, que lo mostraba: "­Míralo, míralo, cagando en el tinajón!" Fue un diminuto San Sebastián excretante, flechado en plena fechoría, un culicagado hazmerreír, fato indefenso. Fue su primer miedo. Miedo a la mirada: un chiquetazo de alfileres mojados en curare que iban fijándolo, crucificándolo, fosilizándolo en vivo, en lo alto de su doble trono. Pegó los brazos contra el cuerpo, como si fueran a retratarlo. Sintió que no podía moverse. Quería hundirse para siempre en el tinajón, ahogarse entre ranas y gusarapos, llegar hasta el sedimento verde tornasolado del agua y, atravesando el fondo de barro, fundirse en la capa de tierra minera, ferruginosa y fría, y allí quedar acurrucado, feto arenoso, o herrumbrosa momia: a la vez prenatal y póstumo.


Farabeuf (dos fragmentos)
Salvador Elizondo

Ese libro… ¿recuerdas?… el libro que alguien dejó olvidado en esa casa y entre cuyas páginas amarillentas encontraste dos cartas; una que describía un incidente totalmente banal ocurrido en la playa de un balneario lujoso y otra, redactada febrilmente, un borrador tal vez, muchas de cuyas líneas eran ilegibles y que hablaba de una curiosa ceremonia oriental y proponía, al destinatario, un plan inquietante para conseguir la canonización de un asesino… ¿recuerdas ese libro?
Hoy es un día especial, una hora especial, un instante, aunque sea sólo eso, en que espero ver colmado mi deseo. Debes prepararte con toda conciencia, no sin cierta humildad, a pasar por esa prueba, por esta ceremonia capital. No turbes ya las cosas que nos rodean. Todo es sólo un instante. Mantén tu mirada fija en ese signo que has ideado. Yo hago lo posible por ayudarte. Es preciso que estés dispuesta, que aceptes este sacrificio con todas sus consecuencias; no debes dudar un solo momento de mis buenas intenciones. Quiero, en cierta forma, revelarte un misterio inaccesible; quiero dilucidar, para que tú lo sientas con toda su inexplicable verdad, el misterio que te mantiene inmóvil ante mí. Comprenderás, cuando llegue el momento de hacer la señal al meneur, cual ha sido la verdadera significación de este instante. No temas. Considera este ejercicio como una disciplina interior, como una meditación que conduce al éxtasis, te darás cuenta, estoy seguro de ello, de que tu cuerpo desfallecerá huyendo de ti misma y solo su significado, su esencia ultima, se concretara en las palabras que tu digas… ¿recuerdas?


Carta a la dulce juventud
Pedro Lemebel

A ti, mi querida polilla de farol, mi carreteada zapatilla cesante. A la verde juventud universitaria, que escribe su testimonio con la llamarada de una molotov que tisa de rabia el cemento. A los encapuchados del Arcis, de la Chile, de tantas aulas tomadas en la justa demanda de querer estudiar sin trabas económicas, sin la monserga odiosa del crédito, del recargo, de la deuda y el pago. Como si no bastara con quemarte las pestañas dándole al estudio los mejores años de tu vida, para después titularte de neurótico vagoneta. Como si no bastara tu dedicación, tu sincera dedicación, cuando te humea el mate toda la noche, hasta la madrugada leyendo, dejando de lado ese carrete bacán que chispearía de pasión tu noche de fiesta. Tu gran noche, pendejo, donde chorrearían las cervezas y un aire mariguano pintaría de azul el vaho de la música. Como si no bastara con todas las negaciones que te dio la vida, cuando postulaste a esa universidad privada y el «tanto tienes, tanto vales» del mercado académico te dijo: «Tú no eres de aquí, Conchalí, —No te alcanza, Barrancas, —A otro carrusel, Pudahuel, — A La U. del Estado, Lo Prado.»


F.S.R.Banda

Huyo de tu voz que me enceguece los caminos por donde me extraviaba para desaparecerme, que me santifica los rumbos y me enternece las estaciones, me fugo hacia un silencio de piedras heridas y altos cañaverales y vuelvo a encontrarla en las vertientes escondidas, en los acantilados donde los musgos crecen escribiendo tu nombre, en los gaviotales atardecidos y en las pajareras del mediodía, y es tu voz en su cadencia pagana la persiste en su salvaje recurrencia de obsesión clandestina como una ventolera sobre los cuarzos de las arenas que dormían esperando el polvo o la ceniza, y se repite eco entre el ramaje del bosque, acude, desborda, exhala un perfume oscuro de yerbas sagradas, de dalias eternas y de misteriosas amapolas, de una noche de evanescentes madreselvas y del aquel ciruelo enarbolando su albo velamen en el negro terciopelo de un nocturno adolescente que buscaba [sic] tu voz en los equivocados territorios de los amores niños o de las pasiones que nunca alcanzaron el otoño. Huyo de tu voz que me inunda y me recorre, que me acaricia la piel más profunda, y que me deja estremecido por la nostalgia crepuscular de esas las dalias perdidas en el tiempo, y me deja ser niño otra vez y recuperar la sensación de la cercanía de mi madre haciendo florecer las primaveras de mi infancia, y tu estabas ahí con tu voz entre el silencio de las dalias, vestida de ese blanco de perfecta musa imposible cantando con tu dulce sensualidad de mariposa intocable. Huyo de tu voz por los laberintos desquiciados de mis memorias que ya la poseían como escondida semilla subterránea entre los herrumbres de otras voces que iban hilando la telaraña de tu voz que me atraparía en este destiempo de invencible distancia, de océano de por medio, de horas desplazadas por una astronomía que semeja el azar furioso del destino que no quiso que fueran las mismas mañana o los mismas noches, porque tus madrugadas aún son noches en mis comarcas adormecidas y los sueños no se reflejan en los mismos espejos. Huyo de tu voz para seguir buscándola en los cristales de las lluvias de la noche y en los colores de los peces sumergidos, pero ahora sabiendo que te escondes en tus mariposas y tus flores, en las piedras foliadas y en las gárgolas, en los vitrales de antiguas catedrales y también en algunas tardes en los asombrosos dibujos de las nubes. Sé que sentirás que alguien te piensa a lo largo del día, de los días, de los años venideros, y sé que sabrás que soy yo embrujado (sin huida posible) aún por tu voz.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 231
4 de Abril de 2017