jueves, 1 de junio de 2017

PARADOXAS N° 233

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 233


INDICE

Fundamentos: "Arte de la Intención" - Diamela Eltit
A la misteriosa - Robert Desnos
Dibujo un fauno - Maria Itza
La trasminación de lo rulfiano - Úrsula Fuentesberain
Un laberinto de palabras - Guillermina Covarrubias
SON TAN DISTINTAS TODAS LAS LLUVIAS QUE CONOZCO - Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa
EN ESTE PAÍS LOS MUERTOS SE SIENTAN A COMER CON NOSOTROS... - Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa
LOZANAS ACTRICES ITALIANAS - Rosana Bustamante Gamboa
EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS... - Enriqueta Coüepel / F.S.R.Banda


EDITORIAL

“La literatura es un arte del tatuaje: inscribe, cifra en la masa amorfa del lenguaje los verdaderos signos de la significación”

En ‘Escrito sobre un cuerpo’, de Severo Sarduy, 1968. Vale.

El Editor


Fundamentos: "Arte de la Intención"
Diamela Eltit

Desde los prostíbulos más viles, sórdidos y desamparados de Chile, yo nombro a mi arte como arte de la intención. Yo pido para ellos la permanente iluminación: el desvarío. Digo que no serán excedentes, que no serán más lacras, digo que relucientes serán conventos más espirituales aún. Porque son más puros que las oficinas públicas, más inocentes que los programas de gobierno más límpidos. Porque sus casas son hoy la plusvalía del sistema: su suma dignidad. Y ellos definitivamente marginados, entregan sus cuerpos precarios consumidos a cambio de algún dinero para alimentarse. Y sus hijos crecen en esos lupanares. Pero es nuestra intención que esas calles se abran algún día y bajo los rayos del sol se baile y se cante y que sus cinturas sean apresadas sin violencia en la danza, y que sus hijos copen los colegios y las universidades: que tengan el don del sueño nocturno. Insisto que ellos ya pagaron por todo lo que hicieron travestistas, prostitutas mis iguales.


A la misteriosa
Robert Desnos (i)

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad. ¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero? Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo. Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años seguramente me transformaré en sombra. Oh balances sentimentales. Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre. Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

(i) Robert Desnos (París, 4 de julio de 1900 - Campo de concentración de Theresienstadt, 8 de junio de 1945) fue un poeta surrealista francés y un miembro de la Resistencia francesa durante la segunda guerra mundial.


Dibujo un fauno
Maria Itza

Eres mi magia secreta, mi fauno de arena y guijarros con alas de mariposas ciegas incrustadas sobre tu piel, resbalas sobre mi cuerpo de crisálida oscura y tu espada de nácar se eleva para abrir la puerta de mi paraíso perdido mientras te pinto el tórax con  dedos de fuego y bailas una ronda borracha entre los anillos de Saturno, mil elfos de mirada turbia y manos de jade y pedrería abren tu corazón y lo convierten en barrilete de colores sobre la abrupta superficie de un mar de fuego y lava derretida que convierte papeles de colores en cenizas de un curioso tono violeta y yo uso esas cenizas para dibujarte sobre la piel tatuada de las estrellas vagabundas donde moran los sueños tatuados en las noches de luna llena y lobizones. Así vas surgiendo poco a poco y decoro tu sonrisa eróticas con claveles rojos como fuego y lágrimas de sal que se evaporan sobre los pétalos ya mustios mientras tu boca se bebe mis pensamientos y crea con ellos un circo de colorines con enanos que reptan a mis pies y payasos de tez encerada que me hacen reverencias y terminan dibujando conmigo el resto de tu cuerpo que ya se pega al mío como una rémora cansada pero ardiente y yo canto un himno desatado y loco a tu memoria...


La trasminación de lo rulfiano
Úrsula Fuentesberain

Escribí este texto para el suplemento cultural “Laberinto” del diario Milenio:

Lo había olvidado, pero ahora que lo releo y me reencuentro con sus arrayanes agrios, con sus malasmujeres, con su polvo que no da ninguna sombra, con sus murmullos, recuerdo: lo rulfiano se trasmina.

Escucho a Macario y pienso en Camilo, el protagonista de uno de mis cuentos, un hombre al que la gente de su pueblo llama loco sólo porque lee las nubes. Veo los pechitos de Tacha hinchándose a la par del río crecido y me acuerdo de que una madre dice esto de su hija en uno de mis relatos: “Su cuerpo de niña parece una membrana lista para la metamorfosis. Temo que se convierta en algo parecido a mí”.

“Para sacarle provecho a Rulfo hay que escarbar mucho, como para buscar la raíz del chinchayote. Rulfo no crece hacia arriba sino hacia adentro”, escribe Poniatowska y me obliga a preguntarme qué forma tienen las mujeres rulfianas. Son las dulcamaras que cubren el llano (dulcis ‘dulce’ y amāra ‘amarga’), hojas pecioladas, acorazonadas, agudas, flores pequeñas, violadas, en ramilletes.

Apalcuachar, totochilo, chilcatole, chacamotear. El lenguaje rulfiano tintinea en mi cabeza igual que las cosas pensadas en sueños. “El idioma de lo inefable” lo llamó él. Además de inventar un habla inventó un país. Un páramo que arde. Un territorio huérfano.

Rulfo está muerto. Murió ayer, es decir, hace tres décadas, es decir, hace unas cuantas horas. Los gusanos se comieron su carne vuelta hediondez y la hediondez se ha vuelto vida, un filón de vida. Y florece. Aflora entre las piedras desmoronadas.


Un laberinto de palabras
Guillermina Covarrubias

La noche de amante poeta, en la sima de su sonrisa con ese sabor sabroso, tendida de espaldas y llenos de flores los senos.
La cabeza barbotea, un huracán, un monstruo gimiendo turbado de espantos en un trípode de huesos, cubierto de blasfemias el papel cuchichea, con guiños y señas, el lápiz como un verdugo ejecuta, ahí donde las arañas hacen laberintos con hilos de plata, entrelazan aullantes en dulces miradas las curvas huecas en mis dedos y las pupilas en el confín del universo, pisando el césped, el corazón... el corazón lleno de rosas naufraga así un barco de papel y la garganta se levanta fugaz así el cuello del cisne negro.
Son gusanos de seda serpentean, me acarician el alma entonces son montañas no puedo evitarlas, porque están en los pliegues de mi pulso conjugando el verbo amar, en el tictac de todos los tiempos.


SON TAN DISTINTAS TODAS LAS LLUVIAS QUE CONOZCO
Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa

hay lluvias que cantan en los tejados... amablemente de noche y hasta la madrugada... otras que mojan a los transeúntes... cuando regresan cansados y a la barriada... otras lluvias caen suavemente sobre los bosques... y los árboles besan las gotas con sus complacientes cloroplastos... abiertos y dispuestos a unirse con la llovizna aquella... otras lluvias caen por las quebradas... y se llevan todo aquello, que no pidió permiso... a su cause y a sus riberas... los perros ladran de miedo en su torrente... hay una lluvia que mojan el rostro de mercedes... y ella como niña, abre la boca ante las gotas... y con su lengua de mariposa bebe su belleza... también hay una lluvia que se viene a mi casa... torrencialmente a tomar el té y no golpea la puerta... sólo trae el infinito destino de una humedad... que se queda treinta años con nosotros... la incertidumbre de no dormir por las noches, aguardando... a zapatos que con nada se secan... y que la lluvia quiere, yo conserve como trofeo… de una vida esperando... esa intermitente precipitación sobre la cabeza.


EN ESTE PAÍS LOS MUERTOS SE SIENTAN A COMER CON NOSOTROS...
Rosana-Mercedes Bustamante-Gamboa

y opinan sobre sus sepelios, dan instrucciones al respecto.. (como cargarlos, que música escuchar, donde velarlos)... leen los periódicos y corrigen los titulares... a veces van del brazo y nos indican direcciones... donde podemos beber café y conversar de política... ellos no parten en definitiva, porque golpean a la puerta... piden ocupar esas sillas que sobran en el recibidor de la casa... o los platos que nadie usa en la lacena, los cubiertos de plaque... son unos pillos porque dejan de pagar impuestos... y tenemos que cargar con sus acreedores, sus no pertenencias... y hasta con sus gatos o perros que nos miran con pena... defendemos sus ideas y posturas, a veces equivocadas... de la vida y como resolver los problemas... francisco y luis emilio, los retan para que se vayan a dormir en paz... pero nuestros muertos son porfiados y negligentes consigo mismos... no les preocupa resfriarse y andar desnudos por los patios... apenas comen y no se peinan antes de conversar con nosotros... tal vez porque nunca aclaramos que sería la muerte... tal vez porque nunca les dijimos antes de partir... que “el que muere, muere y no tiene derecho a opinar”... o que “el que se va al cementerio, en el cementerio se queda”... tal vez, porque después de todo, nuestros muertos... sean la única compañía evidente, que nos queda.


LOZANAS ACTRICES ITALIANAS
Rosana Bustamante Gamboa

Soy esa muchacha de la plaza... desaparecida en octubre una tarde/ por disímiles razones, que no vale la pena mencionar/ ni contar por correo, a las malas lenguas que me vieron/ partir en medio de la lluvia y un oficial que nunca me quiso./ Meretriz del pueblo desde una sórdida niñez/ y que Benito, el muchacho aquel/ no quiere recordar, ni por casualidad/ más bien se ha dedicado desde entonces/ a observar el Viaducto de Malleco/ escribir su simetría en las hojas de un nogal/ bautizar a los pájaros mirlo que anidan en su patio/ responder a regañadientes, a quienes preguntan y nos vieron/ decir que él apenas tomaba mi mano en aquel lugar/ porque su propia juventud, lo engañó cuando decidió amarme/ ¡que mi nombre yace extraviado entre tanto recuerdo!/ de LOZANAS ACTRICES ITALIANAS que vienen a visitarlo/ y esa corona de erudito que le queda tan bien/ mientras yo he envejecido y desvanezco/ entre tanto hiato que no puedo comprender.


TEXTO EN PROGRESO (TRES BORRADORES)

EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS...
Versión original de Enriqueta Coüepel / F.S.R.Banda

Rodríguez Manuel, no ve la lluvia venir... se resiste a dejar escapar, ese acento… mientras ella en su cesto de deseos, agita el vestido y le mira, él sabe que ella sabe de las magnolias que trae escondidas bajo el poncho, que el perfume de primavera atrapada lo delata... y así transcurre la tarde, cuando Manuel se deja escapar… sin un solo ruido, perseguido por el silencio de la tarde en la plaza de provincia donde vio sus ojos bajo la lluvia que venía… temblando, sin comprender… la ausencia de grillos en los entrantes de la noche o de mariposas nocturnas en los ramilletes de geranios... porque finalmente, nada está fuera de esa desnudez, en medio del agua, en medio del temor a ser descubiertos. Y del miedo mayor de perderla, sin llegar a saber su nombre ni domicilio conocido.


EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS...
Versión editada por Enriqueta Coüepel

Rodríguez Manuel, no ve la lluvia venir... se resiste a dejar escapar, ese acento… mientras ella en su delantal de deseos, agita su cabellera y le mira. Él sabe de las magnolias, escondidas bajo el poncho… el perfume de primavera atrapado que le delata... y así transcurre la tarde, cuando Manuel se deja ir… sin ruidos, perseguido por ese silencio de la tarde, en esa plaza de provincia… donde vio los negros ojos bajo la lluvia… temblando, sin comprender… la ausencia de grillos en los entrantes de la noche… o de nocturnas mariposas en los ramilletes de geranios... porque finalmente, nada está fuera de esa mutua desnudez, en medio del agua… en medio del temor a ser descubiertos y del miedo mayor a perderla… sin saber su nombre ni domicilio conocido.


EN ESE ESPACIO DE CRISTAL, DESNUDOS...
Versión editada por F.S.R.Banda

Rodríguez Manuel, no ve la lluvia venir... se resiste a dejar escapar, ese acento… mientras ella en su cesto de deseos, agita el vestido y le mira, él sabe que ella sabe de las magnolias que trae escondidas bajo el poncho, que el perfume de primavera atrapada lo delata... y así transcurre la tarde, cuando Manuel se deja escapar… sin un solo ruido, perseguido por el silencio de la tarde en la plaza de provincia donde vio sus ojos bajo la lluvia que venía… temblando, sin comprender… la ausencia de grillos en los entrantes de la noche o de mariposas nocturnas en los maceteros de geranios... porque finalmente, nada está fuera de esa desnudez, en medio del agua, en medio del temor a ser descubiertos, en medio del miedo mayor de perderla sin llegar a saber su nombre ni domicilio conocido.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 233
1° de Junio de 2017


martes, 2 de mayo de 2017

PARADOXAS N° 232

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 232


INDICE

LAS PIEDRAS DE LAS TRISTEZAS - Ivonne Concha Alarcón
ES AUSENCIA - Ivonne Díaz.
SÉ QUE TE AMO A TI, MUJER – SUSURRA EN UN AQUÍ, ROQUE DALTON – Rosana Bustamante Gamboa
ELLA ERA LINDA, COMPADRE Y NO LE TENÍA MIEDO A LOS TEMBLORES... - Rosana Bustamante Gamboa
LA DUEÑA DE MI MANO - Rosana Bustamante Gamboa
PORQUE ERES TÚ... - Marisol C.
PÁJAROS LEJANOS - André Cruchaga
LA ESQUIVA MARIPOSA - F.S.R.Banda
VESTIGIOS (Primer borrador) - F.S.R.Banda


EDITORIAL

Tantos catálogos sobre las mesas de los bares de la capital, olvidados o dejados a propósito para despejar las manos y el cuerpo para seguir bebiendo y bailando.
"Fervor de Buenos Aires" apareció en 1923. Ya publicado, Borges no supo cómo distribuirlo. Ideó un sistema, sin embargo; iba a las reuniones literarias y, cuando se retiraba, deslizaba con disimulo un ejemplar en el bolsillo de los abrigos solitarios colgados del perchero.
El mismo favor le pidió a Alfredo Bianchi, uno de los directores de la revista Nosotros. A Bianchi, hombre serio y cuarentón, la propuesta lo asombró y luego, divertido, aceptó su papel de distribuidor bolsillero ad honórem. El libro gustó y sigue gustando porque Buenos Aires, a través de Borges, es tan "eterna como el agua y el aire".

Pirateado de un articulo de María Esther Vázquez publicado en el periódico La Nación, de Argentina, quizás cuando… Vale.

El Editor


SUEÑO
Ivonne Concha Alarcón

Castillo azul y blanco, carruajes de vieja madera, caballos de arrastre, flores irisadas dibujadas en absurdas perversas cortinas rojas camufladas de invierno solitario, arpegios, encaprichados de sonidos cínicos de más a menos, de menos a más, escala de sol desafinada, sonrisas verdes musgo húmedo, caricias aventajadas de sorpresas de cartón piedra que se golpea una y otra vez en los cimientos oscuros de la lejana cordura perdida en la caballeriza del patio pedido entre el pasto y la flores del antiguo jardín de rosas y sus espinas pecaminosas de ayeres extraviados…


LAS PIEDRAS DE LAS TRISTEZAS
Ivonne Concha Alarcón

Caen recuerdos resbalándose por las pendientes del olvido, llueven inmensidades clandestinas reflejo fiel de viejas piedras cenicientas pulidas de nostalgias que laceran los insectarios secos de reminiscencias en obsidiana despulida. Frente al viejo y desprolijo reloj de arena se detiene la aurora fría desamparada ante el tiempo nostálgico desvestido de vendimias ya ocurridas. Del recuerdo escarchado caen los silencios que gritan recuerdos de rosas desteñidos de sus primeros dibujos de niña que empujaba el carro que inducía a caminar entre piedras puntiagudas que laceraban los desamparos de la injusta tarde de sueños perdidos en el ancho camino, donde se extraviaron poco a poco los sueños que concluyeron solo en oscuras pesadillas… Dónde se extraviaron las verdades, dónde duermen las risas olvidadas, dónde están los amores filiales, hoy solo paralelas que se tropiezan con el infinito puro, frío, distante…


ES AUSENCIA
Ivonne Díaz

Noche de lluvia navega mi sueño de sol por los pasajes cuando una flor esconde sus pétalos y yo conjugo mi armonía de estar viva contemplando mis zapatos de charol que nunca uso entonces viene esto de extrañarte tanto no sé si la distancia tiene que ver con las agujas de un reloj pienso y me duermo contemplando tu fotografía que ilumina mi celular en un pestañeo de luz y dice tiene poca memoria.


SÉ QUE TE AMO A TI, MUJER – SUSURRA EN UN AQUÍ, ROQUE DALTON –
Rosana Bustamante Gamboa

porque no temes mostrar tus heridas a medio día y en las noches...tras ese cristal donde tus manos descansan, saludan... y ese pliegue, que te trajo la guerra... sobre el silencioso abdomen, donde me dibujo... y escribo nuestros nombres en un corazón... porque tú visitas la tumba de mi madre en El Salvador... y le lees aquellos poemas que no pude escribirle... porque tú, compañera, cantas y bailas conmigo... en este refugio que me dio la muerte y a pesar de ello... duermes conmigo en tu lecho de diminuta mujer... que construye puentes para los pájaros... y alimenta, esos libros que juegan en los patios... cerca del desierto donde camino hasta llegar al límite... ahí, cuando los dos océanos que bañan este continente me ven llegar... y tú te revelas contra el mundo, sola y desnuda... me llevas de la mano y también me besas... a mis palabras que ahora son para ti, amor.


ELLA ERA LINDA, COMPADRE Y NO LE TENÍA MIEDO A LOS TEMBLORES...
Rosana Bustamante Gamboa

cuando traía mermeladas de duraznos... en medio de la noche a cientos de kilómetros de su patria... sin preguntar nada, se entregaba a esta pobreza...donde solía contarle mis historias de pistolero sin oeste... de frustrado relator de partidos de fútbol... y perros que me abandonaron por otro plato de comida.
ella era linda y tenue su figura...sin miedo a aquellos mancos ángeles que le envío el destino... y hacía sonar sus tacones y el acordeón con aquellas melodías...cuando respiraba quince minutos a mi lado...y después bebía ese agrio café, que yo a penas me conseguía.
¡ella era linda, amigo! de día y esa mañana...cuando se levantó de mi lado, en esta soledad... que tiene mi raído cuerpo de macho en derrumbe...que apenas comprende los silencio que ella vestía...y de muchacha que decidió un día abandonarme...sin miedo a los guijarros y esos sismos que encontró en el camino.


LA DUEÑA DE MI MANO
Rosana Bustamante Gamboa

te reclamo mujer… como aquella que irrumpió en mi silencio… y en esta vida que daba sólo vueltas… en un ir y venir al trabajo… mirar la televisión, leer los diarios… a veces observar los atardeceres… preguntándome si de verdad, existías en alguna parte… si te encontraría bajo los almendros.

y te imaginaba venir, con ese traslúcido vestido de hoy… con tus obtusas ideas en el entrecejo… aquella boca que tiene el color de las maduras cerezas… y aquí estás, dormida entre los escaños… cansada de alimentar pájaros y una plaza de libros… sin verme, sin saber de mí… quien en este instante, doy aviso público… te corona como la dueña de mi mano… que tiembla sólo con pensarte.


PORQUE ERES TÚ...
Marisol C.

Y porque tu barca de palabras me inunda el alma, entre los labios te respiro alma mía, circundando este espacio de gaviotas que revuelan mientras te espero y desespero, quisiera me atraparas. Como una red llena de peces alborotar tus sentidos, ven acércate, que tus pasos sean las huellas que nos unen en la arena, que tu tiempo sean las agujas en mi reloj. Ya no detengas el reencuentro libérate, quiero estar amor mío sobre tu pecho aunando los latidos. Te vuelves sin fin en mi alma, ¡vuelve a mi destino! que las sombras huyan con el amanecer. Mientras la vida te cuenta historias y tus ojos deambulan en el nocturno en busca de mi esencia, te espero furtiva!!!, colgada de la luna...


PÁJAROS LEJANOS
André Cruchaga

Aquellos pájaros primeros que incendiaron mi alma, tímidos tanteos
hacia la rama que nada tiene con la sombra.
Juega el tiempo en las aguas que imagino, en el ala que sostiene sueños.
A veces me vienen pedazos de aroma de las campánulas.
Pájaros lejanos, acaso como la lluvia que llega golpeando mis pupilas.
Acaso como un incendio del que ya no tiene control el alba,
sino el galope vencido de la brasa.

(Ya sólo me queda la memoria y la voz cansada y algunos amarillos clavados
en mi piel, y mis zapatos que compensan ala y trenes.)

Cada vez las distancias se tornan más lejanas, un trapo de ojeras
en los párpados y encima los ásperos días del calendario.
Ya casi hemos dejado también las palabras, para sopesar el sonido quemado
del polvo, y el jadeo húmedo de la carpintería de los cuerpos.
Los desvelos son interminables: allí, sin embargo, los relámpagos del sexo,
y su casa de aroma que me habla de la sustancia quebrada del paraíso.

(En la desmesura, claro, gotea todo el rocío, líquidos los alientos.
A veces entristecidos como el yo en el vacío, como el búho y sus dominios.
Sobre la lejanía, los pensamientos erráticos sin ninguna audiencia.
Todo se aleja tal los ojos sordos del absurdo y los cementerios.
Suspiro y aprieto mis demonios.
Camino oscuro y con la salmuera rota de todos los agujeros de mi sombra.
Respiro mientras me golpean los últimos recuerdos.)

Barataria, 2017


LA ESQUIVA MARIPOSA
F.S.R.Banda

Fue instantánea, fugaz como un relámpago, dejó el verbo titilando detrás de su imagen en una estela que fue aguas, olajes, espumas, y también una bandada de pájaros huyendo. Definió sus territorios con una mirada altiva y distante, dueña del horizonte. De ella surgieron lejanos simulacros de voces y de silencios. Poseía en la magia de sus ojos los códigos de los vestigios que dejaban las piedras cardioides, los troncos carcomidos por los años, los dibujos de las nubes y las flores en su íntima cercanía. Fue distinta, súbita e imprevista.

Nota.- Prosa en noventa y una palabras, a la manera de “La Cálida Entraña” de Juan David Porras Santana (1955-2016). (PARADOXAS N° 225, Octubre de 2016)


VESTIGIOS (Primer borrador)
F.S.R.Banda

Y pensar que todo esto; bosques, río, pájaros, atardeceres, frías madrugadas brumosas, peces, flores, mariposas, pequeñas piedras, seguirá existiendo más allá de tu nombre y de mis cenizas, que no habrá día que no amanezca a pesar de nuestras ausencias. Que todos los sonidos recuperarán tu voz y yo no estaré para reconocerla o devolverla como un eco escondido en las otras piedras más antiguas. Pero sé que siempre habrá alguien que vea el perfil de tu rostro en las nubes, en la corteza de un árbol, en las misteriosas piedras con forma de corazón, y sepa o intuya que tú existías cuando yo escribí estas palabras pensándote inmerso en la brumosa nostalgia inicial de este día.

Estero Yerbas Buenas, 16 abril 2017



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 232
2 de Mayo de 2017

martes, 4 de abril de 2017

PARADOXAS N° 231

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO

Año XI - N° 231


INDICE

¡se siente sola, cuando está con usted! - Rosana Bustamante Gamboa
GRACIAS UNIVERSIDAD POR REGALARME LA MESURA - Rosana Bustamante Gamboa
Resucitándome - Ivonne Concha Alarcón
CARCOMA DEL SONAMBULISMO - André Cruchaga
VASTO PARPADEO - André Cruchaga
Cocuyo (fragmento) - Severo Sarduy
Farabeuf (dos fragmentos) - Salvador Elizondo.
Carta a la dulce juventud - Pedro Lemebel
HUYO DE TU VOZ ENTRE LAS DALIAS - F.S.R.Banda


EDITORIAL

“Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos.”

De ‘El Nuevo Arte de Hacer Libros’, Ulises Carrión, publicado en "Second Thoughts", Void Distributors, Amsterdam, 1980. Vale.

El Editor


¡se siente sola, cuando está con usted!
Rosana Bustamante Gamboa

PORQUE SOFÍA LORENS RECUERDA, QUE OLVIDO DURANTE AÑOS AMARSE A SÍ MISMA
y esos besos con sabor a mermelada de quilvo
por las mañanas, cuando usted, despeinado e impreciso
sobre esa eléctrica guitarra, que manosea en “mi, menor”
y cuando hacen el amor sobre el tejado
en su habitación de padre carmelo, mientras
en el comedor suena ese cantante de boleros
recordando “los ardientes amores de una mujer”
y en un destartalado armario sin puertas
(herencia de una madre muerta en la dictadura
de un pueblo ¡donde nadie tuvo tiempo para ser muchachos!)
una maleta recién hecha con esa idea de dejarse ir
y una colorida enagua de la ropa americana
por otro lado, sofía lorens, quiere amarlo y lo logra a veces
cuando usted besa ese jardín de silvestres bayas, que ella posee
abierto exclusivamente para su persona, de martes a domingo
y donde intenta dormir sobre su pecho de maduro varón
hasta que recuerda los cien años que vivieron juntos
bebiendo café y bailando solos, en la vereda
y en una oscuridad que viene de la ventana
¡una oscuridad que se inventó cuando usted, jugaba a la rayuela!
y perdía apuesta por apuesta, porque nunca fue bueno
para los tiros libre, las predicciones, ni contar ovejas
y ella, ahí pensando ¡como ama la idea de poder amarle algún día!
que ha colgado unos escapularios con la virgen de lourdes
en la cabecera de la cama y en su oreja izquierda
para recordar este dilema y esperanzada
sobre la pelvis que se agita
y ese oculto deseo, que se ha desatado esta mañana.

Nota de la autora.- En la poesía moderna o vanguardista, se suele escribir todo el texto en minúscula, a veces sin comas ni puntos. En este caso todos los sustantivos propios se han escrito con minúscula, como una libertad de quien escribe, quien además escribe sólo el título en mayúsculas y lo integra al texto completo... es decir, se parte con un verso y el título viene después. Muy loco... sí... muy loco... pero para eso es la poesía, para soñar los mundos que aún no existen.


GRACIAS UNIVERSIDAD POR REGALARME LA MESURA
Rosana Bustamante Gamboa

que tiene el limonero de este patio
cuando pide el agua que escribo en las piedras
y por darme esta justicia donde vivo los martes y jueves
hablando de lagartijas con Mercedes y Enriqueta que son mis hermanas
porque los lunes y el resto de la semana
vivo en esta libertad que encontré en tus escaleras
donde duermo hasta las cinco de la mañana
para escuchar el abecedario de los pájaros
y cruzo puentes hasta su alma, que me piden sea su novia
gracias porque puedo elegir con quien converso
y leo las casas que ha construido en su alma-pensamiento
puedo caminar por sus habitaciones y susurrar
esas canciones que limpian los escombros
tomar de sus árboles la fruta sabrosa e invitar a comerla
mientras se piensa en los dinteles por construir
y porque estoy en medio de este pueblo
sin decir nada sino leyendo a las que partieron
sonriendo sus sonrisas para este continente, donde los gatos
decidieron quedarse conmigo y cerca de los almácigos donde trabajo
porque aquí es donde cambia el mundo
cuando una madre muerta me deja a cargo del timonel
en esta vida que pide al cielo ser cielo
y a la tierra las palabras que se tejen entre lianas
que albergan esta idea de la persona-humana en mi pecho.


Resucitándome
Ivonne Concha Alarcón

Bésame con la fuerza del imaginario deseo, deséame sin sosiego ni descanso, descansa entre mi piel y mi sueño, suéñame en la distancia ardiente desesperada, desespera mi noche con tu fuego y tus besos, besos rojos ardiendo entre leños secos, secas hojas que se las lleva el viento, viento que mece mi cabello, cabello besando el tuyo mientras tu mano me recorre la vida, vida que despierta mi invierno, invierno que naufraga entre la lluvia de tus besos, besos mordiendo la noche despertando mis sentidos que te anhelan, anhelos resucitándome… resucitándome.


CARCOMA DEL SONAMBULISMO
André Cruchaga

Hinchado de carcoma se insinúan los sonambulismos y su regocijo de grito.
Una carcajada desanda la piedra pómez de los caminos.

Siempre alrededor las alambradas del miedo y las sogas enrolladas
al cuello y la luna amarilla colgando de los párpados y los relinchos líquidos
del espejismo y los güishtes hurgando en los sentidos.

Trepan las campanas calladas de las telarañas, los pespuntes inválidos
del pellejo: cada cicatriz arrastra ciertas demencias, ese nosotros evasivo
del hollín en pequeños candiles de querosene.

Ante el prójimo envejecen las ropas según las paredes que nos ciegan
de adobes y bahareque, según la argamasa del grafiti que no cesa.

El dintel de la melancolía se nos muestra convulso, casi como una calle
atemporalada de pantalones solos y altares inenarrables.

Con todo y la aridez de los incendios, me vuelvo al precipicio del musgo
invisible quizá porque allí puedo andar descalzo.

—Todo tiene sentido cuando sangra el juelgo de la infancia.
Hay evidencia del amargor de los escotes y de las arrugas retorcidas
del parpadeo: azota el hosco gargajo de los rebaños y el tiempo mísero
entre los dientes. El atrio torcido de los brazos.

Sangran las rendijas de la respiración y la esquina divisada de los afueras.
Jamás la oscuridad deja de golpear como un metal compulsivo.
Empapado de calles no siento los ojos, ni el sarcasmo del cielo prometido.

(A ella siempre le digo que se aleje de mis pestañazos de locura,
o que guarde mi pálpito sin anteojos, en su ombligo)

Barataria, 14.II.2017


VASTO PARPADEO
André Cruchaga

Hacia los agujeros que se forman en la soga, el vasto parpadeo de los féretros,
los postreros pensamientos agregados al crepúsculo,
la sombra monótona e impasible de los cuerpos: el confín aprisiona los ojos
junto al agua de sal que presiden los suspiros.

Me zambullo en la amarilla almohada, rutilante de trenes.

Siempre es terrible divagar en el cuchicheo de algún pétalo extinguido;
alguien, de seguro, conserva todavía algún respiradero para los olvidos.
Alrededor de esos vastos golpes, cabecean los sepultureros del silencio,
mientras la niebla garabatea algún panegírico.

Son vastas las muertes colgadas en el aliento. Uno lleva en cierta forma,
pedacitos de tumbas en el costado,
noches de relámpagos desmoronándose, rasguños de algún infierno húmedo,
o simplemente abolladuras en los espejos.

Crujen las cartas y las tarjetas postales en su remolcada caligrafía.

Descienden, se desclavan los paraguas solemnes del tiempo: una puerta
rechina y agiganta mis laberintos, las solas palabras con llaves.
De vuelta a la página, el litoral remoto de pájaros, las calles abiertas al paladar,
los gritos gigantes de las ventanas.

—Espero aquí, después de todo, el sermón vertical de los pedernales.

Entre el ruido de un hueso y otro, la hojarasca de los fuegos inaudibles.
Allí, cerca del suelo, la piel y su ahuecado paraguas, los baldíos de la noche.
Nunca hay certeza para saber cuánto crece la sed…

Barataria, 2017


Cocuyo (fragmento)
Severo Sarduy

Para mí que sintió la mirada de las tías acribillándolo desde las trincheras de los ojos, el espejeo cegante de las sedas, como fogonazos plateados, el índice anillado como amatistas relumbronas, que lo mostraba: "­Míralo, míralo, cagando en el tinajón!" Fue un diminuto San Sebastián excretante, flechado en plena fechoría, un culicagado hazmerreír, fato indefenso. Fue su primer miedo. Miedo a la mirada: un chiquetazo de alfileres mojados en curare que iban fijándolo, crucificándolo, fosilizándolo en vivo, en lo alto de su doble trono. Pegó los brazos contra el cuerpo, como si fueran a retratarlo. Sintió que no podía moverse. Quería hundirse para siempre en el tinajón, ahogarse entre ranas y gusarapos, llegar hasta el sedimento verde tornasolado del agua y, atravesando el fondo de barro, fundirse en la capa de tierra minera, ferruginosa y fría, y allí quedar acurrucado, feto arenoso, o herrumbrosa momia: a la vez prenatal y póstumo.


Farabeuf (dos fragmentos)
Salvador Elizondo

Ese libro… ¿recuerdas?… el libro que alguien dejó olvidado en esa casa y entre cuyas páginas amarillentas encontraste dos cartas; una que describía un incidente totalmente banal ocurrido en la playa de un balneario lujoso y otra, redactada febrilmente, un borrador tal vez, muchas de cuyas líneas eran ilegibles y que hablaba de una curiosa ceremonia oriental y proponía, al destinatario, un plan inquietante para conseguir la canonización de un asesino… ¿recuerdas ese libro?
Hoy es un día especial, una hora especial, un instante, aunque sea sólo eso, en que espero ver colmado mi deseo. Debes prepararte con toda conciencia, no sin cierta humildad, a pasar por esa prueba, por esta ceremonia capital. No turbes ya las cosas que nos rodean. Todo es sólo un instante. Mantén tu mirada fija en ese signo que has ideado. Yo hago lo posible por ayudarte. Es preciso que estés dispuesta, que aceptes este sacrificio con todas sus consecuencias; no debes dudar un solo momento de mis buenas intenciones. Quiero, en cierta forma, revelarte un misterio inaccesible; quiero dilucidar, para que tú lo sientas con toda su inexplicable verdad, el misterio que te mantiene inmóvil ante mí. Comprenderás, cuando llegue el momento de hacer la señal al meneur, cual ha sido la verdadera significación de este instante. No temas. Considera este ejercicio como una disciplina interior, como una meditación que conduce al éxtasis, te darás cuenta, estoy seguro de ello, de que tu cuerpo desfallecerá huyendo de ti misma y solo su significado, su esencia ultima, se concretara en las palabras que tu digas… ¿recuerdas?


Carta a la dulce juventud
Pedro Lemebel

A ti, mi querida polilla de farol, mi carreteada zapatilla cesante. A la verde juventud universitaria, que escribe su testimonio con la llamarada de una molotov que tisa de rabia el cemento. A los encapuchados del Arcis, de la Chile, de tantas aulas tomadas en la justa demanda de querer estudiar sin trabas económicas, sin la monserga odiosa del crédito, del recargo, de la deuda y el pago. Como si no bastara con quemarte las pestañas dándole al estudio los mejores años de tu vida, para después titularte de neurótico vagoneta. Como si no bastara tu dedicación, tu sincera dedicación, cuando te humea el mate toda la noche, hasta la madrugada leyendo, dejando de lado ese carrete bacán que chispearía de pasión tu noche de fiesta. Tu gran noche, pendejo, donde chorrearían las cervezas y un aire mariguano pintaría de azul el vaho de la música. Como si no bastara con todas las negaciones que te dio la vida, cuando postulaste a esa universidad privada y el «tanto tienes, tanto vales» del mercado académico te dijo: «Tú no eres de aquí, Conchalí, —No te alcanza, Barrancas, —A otro carrusel, Pudahuel, — A La U. del Estado, Lo Prado.»


F.S.R.Banda

Huyo de tu voz que me enceguece los caminos por donde me extraviaba para desaparecerme, que me santifica los rumbos y me enternece las estaciones, me fugo hacia un silencio de piedras heridas y altos cañaverales y vuelvo a encontrarla en las vertientes escondidas, en los acantilados donde los musgos crecen escribiendo tu nombre, en los gaviotales atardecidos y en las pajareras del mediodía, y es tu voz en su cadencia pagana la persiste en su salvaje recurrencia de obsesión clandestina como una ventolera sobre los cuarzos de las arenas que dormían esperando el polvo o la ceniza, y se repite eco entre el ramaje del bosque, acude, desborda, exhala un perfume oscuro de yerbas sagradas, de dalias eternas y de misteriosas amapolas, de una noche de evanescentes madreselvas y del aquel ciruelo enarbolando su albo velamen en el negro terciopelo de un nocturno adolescente que buscaba [sic] tu voz en los equivocados territorios de los amores niños o de las pasiones que nunca alcanzaron el otoño. Huyo de tu voz que me inunda y me recorre, que me acaricia la piel más profunda, y que me deja estremecido por la nostalgia crepuscular de esas las dalias perdidas en el tiempo, y me deja ser niño otra vez y recuperar la sensación de la cercanía de mi madre haciendo florecer las primaveras de mi infancia, y tu estabas ahí con tu voz entre el silencio de las dalias, vestida de ese blanco de perfecta musa imposible cantando con tu dulce sensualidad de mariposa intocable. Huyo de tu voz por los laberintos desquiciados de mis memorias que ya la poseían como escondida semilla subterránea entre los herrumbres de otras voces que iban hilando la telaraña de tu voz que me atraparía en este destiempo de invencible distancia, de océano de por medio, de horas desplazadas por una astronomía que semeja el azar furioso del destino que no quiso que fueran las mismas mañana o los mismas noches, porque tus madrugadas aún son noches en mis comarcas adormecidas y los sueños no se reflejan en los mismos espejos. Huyo de tu voz para seguir buscándola en los cristales de las lluvias de la noche y en los colores de los peces sumergidos, pero ahora sabiendo que te escondes en tus mariposas y tus flores, en las piedras foliadas y en las gárgolas, en los vitrales de antiguas catedrales y también en algunas tardes en los asombrosos dibujos de las nubes. Sé que sentirás que alguien te piensa a lo largo del día, de los días, de los años venideros, y sé que sabrás que soy yo embrujado (sin huida posible) aún por tu voz.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.

Revista PARADOXAS N° 231
4 de Abril de 2017


miércoles, 1 de marzo de 2017

PARADOXAS N° 230

PARADOXAS

REVISTA VIRTUAL DEL SURREALISMO NEOBARROCO


Año XIII - N° 230


INDICE

ELLA AVISA QUE SE PONDRÁ A TEJER CROCHET - Rosana Bustamante Gamboa
CUÉNTAME TÚ - Beatriz Graciela Moyano
AJENA VIDA - Francisco Townsend
TEMPRANA FUGA - André Cruchaga
¡VEN CON EL MISMO VESTIDO DE AYER! - Rosana Bustamante Gamboa
EL DIA SIGUIENTE - Ivonne Concha Alarcón
Plagiando a Borges. - Francisco Antonio Ruiz Caballero
VIAJE AL OTRO INVIERNO - F.S.R.Banda
NOTICIAS DEL IMPERIO (Fragmento) - Fernando del Paso


EDITORIAL

"Mientras escribía [su último libro], por primera vez me asusté, no me había pasado con mis libros anteriores, pero esta vez fue algo muy intenso, como un derramamiento de sangre, un flujo que no podía controlar. Y aquí quiero llegar a una cosa fundamental: el lenguaje poético es profundamente autónomo, discurre solo. Yo sentí mucho en este libro un trabajo de escisiones profundas en el lenguaje. Cuando se habla del tono polifónico en mi trabajo, eso se debe a muchas escisiones que he tenido que arrastrar. Somos personas profundamente escindidas. Tengo claro que la musa que siempre me ha acompañado es la musa de la contradicción abyecta. No hay poesía si no hay contradicción: negación y afirmación simultáneamente"
Bruno Vidal, el poeta de Punta Peuco.

Pirateado de El Mercurio, suplemento Artes y Letras, enero 8 de 2017. Vale.

N. del E. Cito: “Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos”. En ‘El Arte Nuevo de Hacer Libros’, Ulises Carrión, 1980.

El Editor


ELLA AVISA QUE SE PONDRÁ A TEJER CROCHET
Rosana Bustamante Gamboa

para detener el impulso de escribir
sobre las hojas de los árboles
que tienen su casa plagada de diptongos
hiatos, y verbos en pluscuamperfecto
sin mencionar todos esos renglones llamando
a un amado que se hace el leso
y nunca baja de la cordillera donde observa
zorros chillas y otras especies en peligro de extinción
¡y qué decir de esas palabras reposando en los almácigos!
buscando una felicidad con la que se soñó
sobre los áticos de una niñez, en los campos de Maipú
donde se comía higos y cuidaba perros sin nombre
que ahora resuenan en medio de las faenas
que nunca se terminan porque las palabras
están soldadas en esa lengua que no reposa
y se atraganta con tanto color de las sílabas
que en tres, dos y un golpe de voz, señalan el nombre
de aquel guerrillero que duerme
abrazado a los macizos de Neltume.


CUÉNTAME TÚ
Beatriz Graciela Moyano

(Al buen escritor y gran amigo José V. Valdéz)

Tú hombre navegante, que has devorado mar
Qué has soñado embrujado de murmullo
Qué bañaste tu cuerpo en brillo de estrellas
Y quemaste la piel a puro viento salino y sol.

Tú, callas las melancolías y nostalgias, cuéntame
Cuéntame la inmensidad del verde azulado
Esa mística existencial sobre nobles delfines.
Dime lo que quieras, certezas, vivencias o quimeras.

Tú que aspiraste libre, la brisa y su sal en proa
Cuéntame, sensible hombre de mar, ¿es cierto?
¿Esos bellos seres acompañan navegantes?

Cuéntame, la furia del implacable viento, sus azotes.
Las lunas y sus fases, cuéntame algo de los puertos
O el sol allá en lo infinito al amanecer, cuéntame tú.


AJENA VIDA
Francisco Townsend

Hubo un instante en que se dio cuenta de que la vida era suya

No fue en los inicios cuando correteaba detrás de los gorriones en el patio de los nogales nortinos

Ni cuando jugaba a la pelota en el patio del colegio con nombre en ingles y pronunciación local

Fue mucho más tarde de cuando ya se había enamorado profundamente

De decenas de mujeres silenciosas a las que nunca habló

Fue mucho después incluso de conocer la magia del amor carnal

Incluso después de vivir con su mujer de antes y después de vivir con su mujer de después

Fue en un instante de lucidez extrema jugando con su última amante

Agradeciendo por todo lo que había tenido, fue ahí cuando se dio cuenta que la vida era suya

Y a pesar de todo, no se atrevió a tomarla.


TEMPRANA FUGA
André Cruchaga

Súbitas calles muerden las sombras de mis pies. Hienden las sienes
las hienas sordas de la negrura; ciegas las infancias del ojo indefenso
ante el olfato roto de las alambradas.

Uno acaba cambiando de piel ante la polvareda, o la carcajada abierta
que nos desafía. A veces sólo queda cruzarse de brazos, adelantarse
a los horrores de la noche,
morder el pescuezo siniestro de las deshoras, jurarle a la reúma
del poder sobre las migajas, o encasquetarse en la boca
de los sombreros sin posibilidades de retorno.

Jamás se retorna a las mismas aguas, aun cuando giman las culpas.

En los alrededores de los sueños, hay necesidad de tocarle las manos
a las horas, precipitarse en las caligrafía de los cadáveres,
repasar las lápidas quebradas del aliento.

Ahora únicamente sobrevivo al ronroneo de la apariencia, al grito
desordenado de los candiles, al párpado quemado de premura.
Soy convicto de penurias, y confesas verrugas que de seguro requieren
más de una cirugía. Leo desde el calorcito de las cloacas.

Me divierte a fin de cuentas el fastidio, esta herida abierta que nunca
fue curada (me duele evocar la saliva de tu boca, no regresar al umbral
de tus muslos. Me duele el frío en mis manos.
Me duele pensar en los condones reales de la soledad y obligarme
a un tiempo de vómitos de tedio y a yermos ardimientos.)

Barataria, 04.I.2017


¡VEN CON EL MISMO VESTIDO DE AYER!
Rosana Bustamante Gamboa

y esa soltura de tus caderas/ la exquisitez de la voz cuando dices Luis Emilio/ esos cabellos que no saben por dónde caminas mujer/ y los besos que te cubren el agraciado pubis/ ven con la sonrisa y tu bolso de crines/ por donde puedo mirar las piernas pintadas/ por ese océano donde piensas los lunes/ y alborotas las arenas pegadas a tu almendrada piel/ donde quiero dejar escapar los años de espera/ desnudo y recogido en mi propia memoria/ que quiere desvestir tu parloteo por debajo de los muslos y entre medio/ donde tienes esa paz que reposa cuando te imagino.


EL DIA SIGUIENTE
Ivonne Concha Alarcón

Las manos encadenadas a la piel desnuda tintinean nerviosas, van a hurtadillas buscando el rosario cautivo, rompiendo los cristales tornasol del alto castillo de mármol de chocolate azul. Los dedos desjoyados se entrelazan curiosos desconociendo la ruta del camino a la cima mientras el viento mueve las plumas del atrapasueños curioso y tal vez hasta celoso perdiéndose entre las lágrimas de la lámpara antigua de aquel viejo lugar de altos campanarios. Los ruidos guardan silencio, hoy no están curiosos, no están hambrientos de pasión, solo duermen cansados de los ajetreos que dejaron los empedrados caminos de la curiosidad horrorizada de romper los hielos del abandono del placer solitario. Recorrerá mi péndulo de acero esas andanzas por mi piel que hacían gemir los sueños apegados a los cantos gregorianos de la soledad lejana. Hoy seré solo la anémona de mi propio paraíso, la primavera que siempre revive el corazón de su propio principado en el que vives tú mi pálido sol encumbrado entre los rayos que cruzan el arcoíris dejando dudas de la existencia de un próximo verano...


Plagiando a Borges.
Francisco Antonio Ruiz Caballero

El Espejo de Tinta. (Homenaje a Jorge Luis Borges, léanlo, es un autor soberbio).

II.
En la cámara de palacio de Yacub el incienso se quema. Hay tres pavos reales presenciando la escena. Una piel de guepardo extendida tapiza azulejos dorados, yeserías de mármol, y ladrillos amarillos, donde los mocárabes se cruzan con los damasquinados y se repite siete veces el nombre de Alá, bendito sea, para que ningún hereje cometa pecado. Abderraman el Masmudi está frente a Yacub, y suplica y se duele, y suplica, y se llora, y tiembla como los dientes en una noche de invierno, y siente un escalofrío desde la pies a la nuca. Y su miedo es tan grande que pudiera decirse que todos sus esfínteres se hayan sacudidos. Y su miedo es tan grande que daría su alma, si no fuera el muchacho tan bueno como un lirio. Abderraman el Masmudi está frente a Yacub, y tiembla como el timbre que se toca en las puertas, y suplica le dejen un minuto de vida para ofrecer a Yacub un minuto de magia. Yo te haré ver maravillas sublimes si no tomas mi vida ni me mandas el verdugo.

III.
Una onza de Benjuí y semillas de cilantro, arden en un brasero de bronce con la forma de una cobra. Yacub pide a Abderraman que le muestre: el abismo sin fondo en que la tierra se sostiene, los peces de colores turquesas de las riberas de Indico, la maquinaria del cielo que hace mover la luna, los ángeles de cabellos rubios que cantan en la aurora, y los que tañen las campanas cuando cae la tarde y cantan sobre las aguas tranquilas de los lagos, las sirenas que esconden los fondos marinos, los artilugios de guerra de los infieles, los tesoros que hay en el fondo de la tierra, los dhijng que bailan en las tripas de los volcanes, los monstruos que esconden las selvas tenebrosas, y los leviatanes de las profundidades oceánicas, las perlas que surgen en el seno de las ostras, los instrumentos de música de los querubines, los diez mil ángeles que hay en la pupila de una muchacha, los colibríes de colores rojos y azules, y las libélulas doradas que hay en el paraíso. Le pide que le muestre los guerreros de la China, y los soldados que protegen la tumba de los emperadores, le pide que le muestre los tintes vegetales con los que los pintores infieles diseñan sus dibujos, le pide que le muestre las esencias vegetales y los venenos que matan sin causar dolor, las plantas comestibles y aquellas que hacen daño, y los animales feroces que esconden las plantaciones. Le pide que le muestre la ciudad llamada Europa, y los asesinos que se esconden entre los arrabales.


VIAJE AL OTRO INVIERNO
F.S.R.Banda

El color de los ojos de Marianela en cierta tarde mirando el atardecer, un violeta y un verde fosforescente en la esquina que daba al mar hacia el poniente y donde  todo era allí, la angustia de extraviarte y la ansiedad por volver a encontrarte, la ventolera y la lluvia que arrecia desde la altura de los bosques oscuros con los ulmos de blanco florecidos, los dados que jugaban cada uno a su aire su pequeño azar instantáneo, la noche de las cinco lunas estrelladas que la memoria guarda como fugaz destello del ahora imposible, la suma y sus cansancios, el río ancho lento con sus aguas casi quietas bajo la lluvia que es todas las lluvias, el silencio que es todos los silencios, los del verbo encarcelado y los que se escondieron en las cenizas de los rescoldos de la dulzura de [tu voz] las voces ya sin rostros, el preciso matiz de unos labios despintados por la turbulencia de una noche de besos y susurros, este invierno que posee el encanto de lo probable y la certeza del vacío, la lluvia, siempre la lluvia como si lloviera en otro invierno, el vino que busca en la contingencia la derrota o la victoria, ambas inútiles en la hora tardía, la cata de los whiskies de los aromas perdidos, con esos sabores que se quedan doliendo para remarcar la nostalgia, un sol que nunca amanece y una luna ciega, y el vaho de los montes sobre la fría mañana, ese breve invierno donde la voz se curva desesperada y desaparece.

Post data.- Ese nombre es un simulacro o un espejo que no refleja sus ojos en su vértice esencial. Ese violeta y ese verde fosforescente son solo antiguas y veneradas reliquias de un desértico territorio, quizá la antípoda climática de este otro invierno.

Desde la ribera poniente del Estero Yerbas Buenas, 18 al 20 de febrero de 2017


NOTICIAS DEL IMPERIO (Fragmento)
Fernando del Paso

I - CASTILLO DE BOUCHOUT - 1927

(Fragmento del fragmento)

Hoy ha venido el mensajero a traerme noticias del Imperio. Vino, cargado de recuerdos y de sueños, en una carabela cuyas velas hinchó una sola bocanada de viento luminoso preñado de papagayos. Me trajo un puñado de arena de la Isla de Sacrificios, unos guantes de piel de venado y un enorme barril de maderas preciosas rebosantes de chocolate ardiente y espumoso, donde me voy a bañar todos los días de mi vida hasta que mi piel de princesa borbona, hasta que mi piel de loca octogenaria, hasta que mi piel blanca de encaje de Alenzón y de Bruselas, mi piel nevada como las magnolias de los Jardines de Miramar, hasta que mi piel, Maximiliano, mi piel quebrada por los siglos y las tempestades y los desmoronamientos de las dinastías, mi piel blanca de ángel de Memling y de novia del Béguinage se caiga a pedazos y una nueva piel oscura y perfumada, oscura como el cacao de Soconusco y perfumada como la vainilla de Papantla me cubra entera, Maximiliano, desde mi frente oscura hasta la punta de mis pies descalzos y perfumados de india mexicana, de virgen morena, de Emperatriz de América.
El mensajero me trajo también, querido Max, un relicario con algunas hebras de la barba rubia que llovía sobre tu pecho condecorado con el Águila Azteca y que aleteaba como una inmensa mariposa de alas doradas, cuando a caballo y al galope y con tu traje de charro y tu sombrero incrustado con arabescos de plata esterlina recorrías los llanos de Apam entre nubes de gloria y de polvo. Me han dicho que esos bárbaros, Maximiliano, cuando tu cuerpo estaba caliente todavía, cuando apenas acababan de hacer tu máscara mortuoria con yeso de París, esos salvajes te arrancaron la barba y el pelo para vender los mechones por unas cuantas piastras. Quién iba a imaginar, Maximiliano, que te iba a suceder lo mismo que a tu padre, si es que de verdad lo fue el infeliz del Duque de Reichstadt a quien nada ni nadie pudo salvar de la muerte temprana, ni los baños muriáticos ni la leche de burra ni el amor de tu madre la Archiduquesa Sofía, y que apenas unos minutos después de haber muerto en el mismo Palacio de Schönbrunn donde acababas de nacer, le habían trasquilado todos sus bucles rubios para guardarlos en relicarios: pero de lo que sí se salvó él, y tú no, Maximiliano, fue de que le cortaran en pedazos el corazón para vender las piltrafas por unos cuantos reales. Me lo dijo el mensajero. Al mensajero se lo contó Tüdös el fiel cocinero húngaro que te acompañó hasta el patíbulo y sofocó el fuego que prendió en tu chaleco el tiro de gracia, y me entregó, el mensajero, y de parte del Príncipe y la Princesa Salm Salm un estuche de cedro donde había una caja de zinc donde había una caja de palo de rosa donde había, Maximiliano, un pedazo de tu corazón y la bala que acabó con tu vida y con tu Imperio en el Cerro de las Campanas. Tengo aquí esta caja agarrada con las dos manos todo el día para que nadie, nunca, me la arrebate. Mis damas de compañía me dan de comer en la boca, porque yo no la suelto. La Condesa d'Hulst me da de beber leche en los labios, como si fuera yo todavía el pequeño ángel de mi padre Leopoldo, la pequeña bonapartista de los cabellos castaños, porque yo no te olvido.

Nota.- La tercera novela del escritor mexicano Fernando del Paso, Noticias del imperio (1987), se desarrolla alrededor del Segundo Imperio mexicano (1862-1867), sobre todo respecto a los emperadores Maximiliano (1832-1867) y Carlota (1840-1927). Esta novela posee un total de 23 capítulos, de los cuales solamente los impares están narrados por el personaje de Carlota, mientras que los pares poseen distintas voces narrativas. Los capítulos impares son doce en total y todos presentan el mismo título: "Castillo de Bouchout, 1927". Este discurso poético presente en los capítulos impares refleja la condición mental de Carlota, es decir, muestra la corriente de conciencia de este personaje.



La forma de poema es una desgracia pasajera.
Osvaldo Lamborghini, “Die Verneinug”, 1977.



Revista PARADOXAS N° 230
de marzo de 2017